Hasta los Huesos


Bries estaba sentada en la cama, ausente del mundo, o al menos eso pretendía. Se sentía en perfecta armonía con la música que desprendían sus auriculares, que la embriagaban, que cerraban la puerta a un mundo que hacía tiempo, parecía haberle dado la espalda. Leía tumbada en la cama, ajena a los minutos del reloj. A todo lo que le había estado pasando. Y entonces, un párrafo llamó especialmente la atención, la devolvió de un golpe a su realidad, a esa que tanto temía, de la que tanto trataba de distanciarse.

"Era un manojo de huesos. Aquello fue lo primero que pensé.
Huesos y nudos. Cada vértebra de la columna despuntaba visiblemente.
Las caderas sobresalían en distintos ángulos, las rodillas pálidas y pellejudas.
Parecía imposible que pudiera estar viva con semejante delgadez,
y aún más mposible que hubiese sido capaz de ocultarlo.
Cuando volvió a moverse vi algo que se me quedaría grabado para siempre:
los omóplatos afilados que se alzaban en su piel como las alas de un pajarito muerto que encontré una vez en el jardín.
No tenía plumas, era un recién nacido y ya había sido derrotado"

Aquello, por simple que pareciese, reavivó las llamas de la enfermedad de Bries, una enfermedad que ya parecía estar remitiendo, y en la que ahora recaía. Su deseo por ser delgada, por sentirse frágil y bella, era algo que la consumía, no solo metafóricamente, la consumía de verdad. Y después de tantos golpes y tantos desengaños, tomó una decisión de la que probablemente se arrepentiría.

Decidió que si no podía ser inteligente, al menos sería delgada.
Decidió que si no podía ser guapa, al menos sería delgada.
Decidió que si no podía ser alta, al menos sería delgada.

Y decidió que si, por algún motivo no podía ser delgada, 
estaría muerta.


Bonjour, mon cheri

Yo no soy artista. No sé crear. No hago arte con las palabras. Yo solo uno las casualidades, los pensamientos, los sentimientos, las miradas, y todo aquello que pasa por mí, a través de ti. Yo coso las piezas que me da el destino y construyo el sendero a tu sonrisa.

Tu sonrisa, sí que crea arte. Crea constelaciones en mis ojos. Tus ojos, que pintan cuadros en mis mañanas huecas. Frías. Tu sonrisa, que convierte el rugido de los motores, el traqueteo del día a día, el vaivén de las ilusiones, en la banda sonora de mis momentos felices.

Bailando un vals imaginario en un aautovía transitada a primera hora del día. Atrasando relojes para parar el tiempo, para evitar por todos los medios consumir los pocos minutos que paso, casi, a tu lado. Para hacer eternas las carreras y las carreteras. Las paradas y los arranques. Para sentirte parte de mí, algo más que cuarenta y cinco escasos minutos.

Porque la espera ha sido tan larga, que todo me sabe a poco. Y es que me pueden las ganas. Por que sé que te necesito a ti, y no sé como conseguirte. (Tal vez sea por eso, que te deseo tanto).


Resiste o Renuncia

Asumimos aquello que nos toca asumir, aquello que no nos queda más remedio. Y no te asumo, ni asumo que no estás, porque no me da lagama. Así, sin medias tintas. Hablando en plata.

Porque dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y quizá te hayas perdido tú, pero pienso encontrarte. Tarde o temprano. En las Estaciones, en mis sueños. En el todo y en la nada de esas momendas que se lanzan al aire esperando que tomen las decisiones importantes por nosotros. Esperando que sea la correcta.

No puedo pedirte que no te marches, porque asumo, y ahora si, que no te queda más remedio. Asumo que estas cartas nunca te llegarán, y poco me importa, porqie tengo pensado decírtelo todo cara a cars cuendo vuelvas. Porque vas a volver, como vuelve cada año la privamera, por muy frío que haya sido el invierno. 
Aunque este aire helado no es nada comparado con el hielo que ha dejado tu ausencia en cada recoveco de mí.

Que me tortura sin compasión el saber, o mejor el no saber. No es más feliz el ignorante. Y es cierto que  no hay peor ciego que aquel, que no quiere ver, y yo quiero verte, amor. Verte cada día, casi a cada hora, y si puede ser, verte a mi lado. Comaprtiendo momentos y croissants, sonriendo. Siendo felices. Conteniendo el aliento y dejándonos llevar.

Asume que estás hecho para mí, como yo asumo que tarde o temprano serás mío, más tarde que temprano, puede ser... Pero lo serás.

Lucha por lo que deseas, y que se joda el resto.


PD: Siento no haber respondido a los comentarios estas últimos días, últimamente solo tengo tiempo para publicar  los fines semana, pero hoy me pondré al día con vuestros blogs. Y espero poder volver a subir posts con regularidad.

¿Feliz? Cumpleaños

Es la eterna pregunta. Y perdoname por no querer celebrar que la Tierra ha dado otra vuelta alrededor del Sol desde que yo llegué a este mundo. "Pensé que no lo conseguiría, ¡Pero este pequeño planeta azul, lo ha vuelto a hacer!" 
...

La historia que voy a contaros hoy, no tiene nada que ver con mi cumpleaños, pero no podía pasar mi segunda década de vida, sin antes mencionar que no me gusta celebrarlo.

Gracias, por no hacer que me arrepienta.

Ahora que lo pienso bien, no me arrepiento de nada, por mucho tiempo que haya pasado (un año ya), por muchas cosas que se hayan interpuesto. Yo me alegro de todo lo que he/hemos hecho.

Ahora que las hojas de los árboles se caen, que el frío se instala en los huesos, aunque esté a punto de llegar la primavera, tengo que irme, debo viajar, de Estación en Estación, y no se me dan bien las despedidas. Por eso escribo cartas, pero eso a veces salgo de puntillas de la vida de la gente.

"Te tengo mucho cariño", más que a la mayoría, y no sé, si te lo mereces. Pero es lo que yo siento, y me duele confesar que no, no confío en ti, más de lo que me fiaría de alguien que me apunta a la cabeza con una pistola cargada. Que me duele cada palabra que dices porque no te creo, y es que tú me has hecho así. Te has encargado de secarme gota a gota, y a pesar de todo hacer que te quiera, y si nos ponemos a sumar horas, de cada día que hemos compartido un momento, no llega a veinticuatro. Ni un día has necesitado para que te coja un cariño inmenso y a la vez desconfíe de ti. Has roto mis expectativas, las has pisoteado y te has caído solo del pedestal en el que te puse. Te han bastado un par de mentiras, y una actitud algo desagradable.

Pero siempre has sabido como arreglarlo. Y eso está bien, supongo. Porque nadie me ha demostrado tanto, en tan poco tiempo como tú. Que me has hecho eternamente feliz durante algunos momentos, que me has demostrado que tal vez, no eres perfecto, pero que no quieres hacerme daño. Y te has preocupado por mí, y me has cuidado siempre. Y dejando de lado aquellos días más oscuros, siempre has conseguido sacarme una sonrisa, me has hecho sentirme querida. Y voy a intentar quedarme con lo bueno, y a no pensar en los demás.

Pero lo siento. Lo siento, por lo que pudo ser, y no será. Y supongo que me alegro, por no haber llegado a sentir más de la cuenta. 
Ya anidan las gaviotas en los abrazos que no nos dimos, que no nos daremos... Y se congela el tiempo igual que los sentimientos, cuando no los usas, y pasan los días, y no encuentro el valor para marcharme, o mejor, no encuentro el valor para decirte que me marcho...

Y tengo miedo de mirarte a la cara y confundir lo que siento... Tengo miedo de que me pidas que me quede y ya no me atreva a partir.