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Una Palabra Una Historia, III


LIBRO

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Se revolvió en la cama, otra noche más de insomnio. Hubo un tiempo en que llorar, hacía que sus ojos se hinchasen y le provocaba sueño, eran días en los que dormir era relativamente fácil. Ahora se había acostumbrado tanto que pasaba las noches en vela repasando todo lo malo que le ocurría.
Se levanta, apesadumbrada, son las cinco de la mañana, en dos horas tendrá que levantarse, no va a molestarse en intentar conciliar el sueño otra vez. Se acerca a la estantería, y ojea uno por uno cada libro. Quizá podría leer algo de Federico Moccia, pero eso le recuerda su última relación fallida, lo mal que le va en el amor últimamente... Desecha la idea. John Verdon... Es una apasionada de la novela negra, y ese hombre la cautiva de sobre manera, pero no le apetece nada que tenga que ver con crímenes y asesinatos... "Abzurdah" de Cielo Latini, recuerda cuando la leyó, y un escalofrío le recorre la columna, definitivamente ese no es el libro que más le conviene. 
En el estante de arriba están sus sagas favoritas, Los Juegos del Hambre, Divergente... Las protagonistas de ambos le recuerdan a todo lo que desea ser, pero no acaba de conseguir. Ella nunca será la mejor en algo, ni tampoco se siente valiente.
Temblor, Rastro y Siempre, adora esa trilogía, pero de nuevo el vacío de un amor que no ha funcionado la hace resistire.
Tiene tantos libros, y en estos momentos no se encuentra conforme con ninguno... 
Suspira. Derrotada, abatida. Vuelve a mirar el reloj, no han pasado ni quince minutos, odia esas noches solas, y vacías... Las odia muchísimo...
Vuelve a girarse y decide coger el primer libro que se encuente. "Lolita" de Vladimir Nabokov. ¡ES PERFECTO! adora ese libro, lo habrá releído como diez mil veces, no se cansa de revivir la historia una y otra vez, y lo cierto es que no tiene muy claro el por qué le encanta tanto pero lo hace.

Vuelve a la cama, en compañía de Humbert Humbert, busca en su teléfono una canción para dar banda sonora a su lectura. Uno de los discos de Lana del Rey le parece perfecto para el momento.

Y así, una noche más, se desconecta de la realidad, se olvida de su insomnio y se adentra en la vida de otra persona, lejos de todo lo que le provoca algún dolor. Distanciándose de aquellas cosas que no la dejan vivir.

Una Palabra, Una Historia II

MIRADA




Alza la vista con agorrancia. Su mirada se clavó en mi pecho como se clavan los trozos de los corazones rotos en el alma de sus dueños.
Tenía ojos del color de la coca-cola, burbujeantes. Tenía una mirada intensa como el café, de esa que quita el tiempo. Adictiva. Yo deseaba que no dejara de mirarme nunca. Me faltaban minutos a su lado, y me sobraba de todo lo demás.
- ¿ A dónde vas? -Preguntó con socarronería cuando me levanté de la cama.
- Es tarde- Dije mientras rebuscaba por la habitación mi ropa.
Noto como se levanta. Se coloca detrás de mí y me besa el cuello. Se me eriza la piel. Y olvido lo que estaba haciendo. Lo que iba a hacer. Olvido hasta como me llamaba. Otra vez choco con la pared de sus ojos. Me desoriento entre las cuatro paredes de una habitación escondida. El hechizo de una mirada atrapa a la vez que cautiva. Que me hace perder el miedo, y me ayuda a pensar que no ha sido un error. 
Me empuja con una suavidad impropia de él, y caigo de nuevo. Miro el teléfono sobre la mesilla. Me muerdo el labio y apago el teléfono. Más tarde buscaré excusas, más tarde me disculparé. Más tarde haré lo que sea que tuviera que hacer. Si acaso puedo hacerlo... Si no me quedo atrapada en la telaraña de su mirada y en la miel de sus ojitos.
Y me arrojo en brazos del instinto. De las ganas. De todo. De nada. Lo beso. Como si no fuese a besarlo jamás en la vida. Como si se acabase el mundo. Y en cierto modo se acaba. Porque me prometo en ese momento que no volverá a pasar. Aunque no estoy segura de ser capaz de cumplirlo.
- ¿Cuántos son dos y dos? - Me pregunta. Me desarma.
-¿Cuatro? - Respondo.
Y el sonríe. Y yo... Bueno, yo creo que me enamoro. O casi. Me besa. Lo beso. Me acaricia. Se me eriza la piel. Me dejo llevar y lo abrazo. 
Nos tumbamos en la cama... Y el mundo, parece detenerse, me permite el lujo de ser feliz después de una mala racha que parecía no querer acabar. 


PD: Nuevo PREMIO


Una palabra, una historia I

Libertad
 Libertad.
En sí misma, la palabra no significa nada, pero para alguien que, como yo mismo, lleva quince años encerrado en la cárcel por un crimen que no cometió, es la palabra de mejor sabor, con mejor sintonia. Una palabra que rima con cualquier sentimiento positivo. Con armonía. Una palabra que me inspira. Es la palabra que dejaré escrita en la casa de Arnold Swatch, el hombre que me incriminó. Teñiré sus paredes con el rojo de su propia sangre.
La cárcel no ayuda en nada a mejorar el comportamiento, si bien, lo empeora. La justicia se ha equivocado miles de veces, pero esta vez fuiste tú quien la hizo equivocarse. Libertad. Libertad para huir de las rejas que me han mantenido preso, en el sentido más exacto de la palabra. Libertad para cobrarme mi venganza. Libertad será lo que grite cuando me arroje al lago desde el puente de las afueras de la ciudad.

Y libertad. Libertad. Libertad.

Aunque cuando vuelva a casa, y la mire a los ojos. Cuando mi preciosa Kate mi abrace, cuando mi hijita, que después de tantos años ya será una mujer, me mire con sus ojos aún inocentes... Volveré a sentir libertad, una libertad de verdad. Que me hará libre de mis miedos, de mi sed de venganza y de mi necesidad de abandonar esta vida.

Y libertad. Libertad. Libertad.

Cuantos tipos de puñetera libertad. ¿Qué libertad escojo?
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¿Qué libertad, me hará verdaderamente más libre?


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