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Cariba y el Sol

Porque después de la tormenta, llega la calma.
Porque después de un tormento, algo bueno se andará, digo yo.

Una historia de Bries.


Atrapada en mí. Ahogándome en la demoledora rutina de odiarme a cada momento, decido que es hora de cambiar el rumbo y despistar a todos esos tiburones que hambrientos de pena, me venían persiguiendo desde hacía ya meses.

Cansada de lamentaciones, creo que llega el momento de arreglar todos los errores que poco a poco han convertido este año, en el peor de cuantos he vivido. Todo empezó con un curso académico desastroso, es por eso que ahora me paso las mañanas en la biblioteca, tratando de hacer lo posible por obtener la máxima redención en septiembre y hacer como si nada de esto hubiese pasado.

Otro paso, tal vez el más difícil si nos cernimos a mi historia, es superar todos los complejos que a lo largo de mis días me han ido sumiendo en ropas oscuras y que cubran lo máximo, tratando de ocultarme hasta el último momento. Pero el calor del verano me lo ha puesto difícil, si bien es cierto que no he pisado mucho la playa, ya sea por complejos, ya sea por cualquier otro motivo, las dos veces, que fui, me sirvieron para comprender que siempre habría alguien más delgada que yo, más guapa que yo, más alta, más fuerte, mas todo que yo, pero también más gorda que yo, e incluso más bajita... Quizá era el empujón que necesitaba, para dejar, al menos por unos meses de contar obsesivamente las calorías de todo, de pasar de ayunar por días a tomar dos mil quinientas calorías de golpe por un atracón fruto de la ansiedad.

Por eso ahora, cuido lo que como, y hago ejercicio, pero por primera vez en más de un año, con moderación, como tratando de volver a la normalidad que para el resto del mundo parece algo corriente, pero que a mí se me escapa, como todavía se me escapan los suspiros al atravesar corriendo la Estación.

Este verano, puede no ser el más divertido, ni uno digno de contar, pero puede ser el auténtico verano del cambio, un trampolín a una vida más plena, más "feliz"... O al menos, hacia una vida... Hace tan solo dos semanas no me veía acabando el verano. La muerte se desdibujaba en mi ventana cada mañana, y porque no decirlo, cada vez que abría los ojos, me decepcionaba no haber muerto... Ahora creo que estoy dejando atrás todos esos miedos, y esas ideas, que si bien me pertenecen, tal vez sea el momento de dejar de hacerlas mías.

El único paso que me aterra dar, y es muy duro es dejar a esa persona que, aunque dice que me quiere, no está casi nunca, y aunque esos "casi", en los que si que está, esos breves momentos, son eternos y felices, debería dejar de esperar a que me llame para salir corriendo en su busca, debería dejar sonreír cuando me dice cosas bonitas y desde luego, debería dejar de decepcionarme cada vez que me falla, porque desde que empezó el verano, me ha fallado cada día que no estaba conmigo.

Y se pongo a contar, y te cuento, no ha estado ni un solo día.
Que desencanto el amor, pero me da igual, porque he decidido, que no lo necesito para ser feliz, que me basto y me sobro para conseguir lo que quiero y tal vez no lo quiera tanto.

Tal vez solo me aterre cambiar.

"Mañana despertaré y empezaré de cero, hay tantas cosas que quiero hacer
que antes me daban miedo"

Malditos Domingos

Era un domingo como otro cualquiera, bueno más o menos. Lolita, Ima y Bries habían quedado para hablar y pasar el día juntas.

Bries se encontraba en la mesa del salón muya atareada preparando un horario de comidas y ejercicios, donde el valor nutricional no superaba las ochocientas calorías diarias y sobraba más de una hora de deporte.

Lolita la miraba desde la cocina, incapaz de entender, porqué esa mal sana obsesión por ser delgada.

El calor del verano resultaba sofocante por aquellos días, y un aura de tristeza vagaba por la casa, donde las tres chicas se encontraban, algo estaba pasando, pero no estaba muy claro que era.

- Tengo miedo - Dijo Ima.
- ¿Miedo a qué? - Peguntó Lolita.

Poco a poco Bries dejó lo que estaba haciendo y se centró en la conversación de su amiga, no es que pretendiese hablar mucho, aunque sabía de miedos.

- Lo quiero, sé que nunca he sentido esto por nadie, es como si solo pudiese respirar cuando está cerca, ya hace más de una semana que no lo veo, anoche soñé con él, ya casi había olvidado su sonrisa, y ahí estaba, vagando en mis sueños, emergiendo de mi subconsciente, como cuando un tiburón salta fuera del agua, atendiendo solo a sus instintos en busca de una sabrosa presa. 
Solo que esta vez la presa soy yo, y me atrapa, me enreda, me puede. Lo quiero, y ahora, después de tanto tiempo, sé que él no siente nada por mí, o tal vez sienta pena, porque debe pensar que no soy más que una estúpida. Y me duele. Una vez, le dije a mi mejor amiga... - Hizo una pausa - Bueno, mi única amiga, antes de conoceros, le dije - repitió - que si él no me quería, mi vida dejaría de tener sentido, no penséis que soy melodramática, simplemente, me aburro, no me gusta vivir, nada tiene sentido, nada me distrae lo suficiente como para encontrar algo por lo que levantarme. ÉL era mi motivo y si no está, tal vez yo tampoco debería estar...

- Espera - La interrumpió Lolita - Hablas, de que quieres morir, ¿verdad?

- Si.

- Yo también - típico de Bries, habla poco, pero cuando lo hace, la habitación enmudece.

- ¡Bries! - Grito Lolita. - Nadie va a morir... - Hizo una pausa - Al menos, no por ahora.

El silencio inundó la habitación, y el verano pareció retroceder, para dar paso a un frío helado, que erizó la piel de las chicas. No hacía mucho que se conocían. Su encuentro había sido fruto de la casualidad en una red social, y poco a poco descubrieron que vivían más cerca de lo que pensaban.

Cada una estaba pasando por un momento complicado, Bries y sus dietas, Ima y sus desamores, y luego estaba Lolita, que se sentía perdida, anclada, como si el resto del mundo avanzase hacia nuevos horizontes, mientras ella se quedaba atrapada entre sus estudios, su ciudad, sin pareja. Todos parecían estar madurando a un ritmo vertiginoso, mientras ella, por mucho que se esforzaba, no parecía despegar.

Quizá el mundo no estaba siendo justo con ellas, pero ya sabes lo que dicen;
después de la tormenta siempre sale el sol,
y aunque ellas estaban atravesando uno de los temporales más largos de su historia, 
esperaban que tal y como dice la palabra,
sea solo eso, temporal.


Primera Página

Bries llegó a casa cansada de la gente, de la verdad, de la mentira, del amor, de la comida y de todo lo que la rodeaba. Bries soltó el bolso sobre la cama, fingió interesarse por las noticias, fingió un apetito voraz, fingió que existía, que era feliz y por fin, cuando todos estuvieron encantados con su comportamiento, se encerró en su habitación, cogió su cuaderno, el Boli de La Verdad, como ella lo llamaba y se desahogó contra el papel así:

Querido Tú,

Hoy es el día Séptimo Cuarto sin ti. Hoy estoy más harta que nunca de la gente, de tu ausencia. Del vacío que duele. Del pensarte. Del buscarte sin encontrarte. Estoy harta de saberte imposible. De escuchar canciones que hablan del adiós. De ver películas que cuentan historias que siempre acaban bien. 
Hoy, me han roto el corazón por ultimísima vez. Hoy, la historia de tu vida. De tu realidad me ha pisoteado el alma. Y me duele. M-E-D-U-E-L-E-S. - Bries, estaba totalmente enamorada de alguien a quien había visto en contadas ocasiones. Con quien había intercambiado muy pocas palabras. Alguien que le había hecho sentir, no sólo mariposas, sino todo el arca de Noé en el estómago. Y ahora alguien, sin pretenderlo, sin saber lo que significaba para ella, había destruído, demolido, arrasado, con cualquier esperanza que ella pudiese albergar- Te odio. Lo odio. Odio a todo el mundo.

Querido tú, ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué? Siento que nada tiene sentido, que navego en un barco a la deriva entre mis ganas y una realidad que se cree pesadilla. El mar de dudas. Y tus ojos... Y el miedo. Y las ganas de quemar este diario que tanto y tanto sabe de ti...


Pero aunque lo intentó con todas sus fuerzas, no encontró las palabras que buscaba para describir lo que sentía. Quería llorar, gritar, y arrancarse todo lo que sentía de cuajo. Pero lo único que mostraba era una apatía errática. Estaba quieta mirando la mesa, el cuaderno, su boli. Pensando en lo ilógico de la situación y en como hacer para superar una enfermedad que no tenía cura...

"Porque el amor, o muere o mata.
Y amores que matan, nunca mueren".


Quería decir que participo en:

Lady Lo

Lady Lo

Entro al Club como cada Jueves por la noche, me acerco a la barra y saludo con entusiasmo a Carl.

  • Lady Lo – Me dice sonriente – Tan espléndida como siempre.
Si. Esa soy yo. Lady Lo... Al menos, lo soy cuando estoy aquí. En casa, o en clase, me llaman simplemente Lolita...

  • En este trabajo no me queda otro remedio... ¿Dónde se ha visto una “acompañante” fea? - Le pregunto irónicamente, haciendo las comillas con los dedos.
  • No estarías fea aunque te lo propusieras, niña.

Carl es casi como un padre para mí. Me cuida mucho... Dentro de lo que cabe... Quizá os preguntéis a qué me dedico... Pues bien, no soy prostituta, si es lo que estáis pensando. Tampoco me desnudo por dinero, ni nada por el estilo. Simplemente, me paseo con hombres bastante mayores, adinerados, de esos a los que les gusta salir con una niña jovencita y coqueta, para presumir ante sus amigotes...

Siendo sinceros, y yo siempre lo soy, no es el trabajo de mis sueños. Pero me ayuda a pagarme los estudios y a distraerme. ¿De qué? Pues no sé, la verdad. Pero me ayuda y punto.

  • ¿Te pongo algo, preciosa? - Me pregunta Carl. Y por priemra vez reparo en él de verdad. Es bastante mayor, está calvo, salvo por una coronilla de pelo gris y despeinado. Está bastante más gordo desde la última vez en que me paré a mirarlo, lleva una camiseta blanca de tirantes y está sucia... Me apena. ¿Pero que puedo hacer yo por él?
  • Carl, sabes que no bebo.
  • Si, si , tienes razón – Me sonríe, tiene los dientes sucios, los que le quedan. Hago una mueca y me voy a cambiarme.

De camino al vestidor me encuentro con Matt, es un anciano amable, nada prepotente, que aveces me pasea por su mansión. Yo soy su “chica de casa” y mi compañera Thalia, una mulata impresionante su “chica de yate” suele llevarla a navegar en verano. Me alegro de no ser yo. El hombre me saluda alzando las cejas y yo sonrío.

En el vestidor está Carmen, hay un montón de ropa por el suelo. Otra vez no sabe que ponerse...

  • Lady Lo – Me dice melosa. Adora mi nombre. Ella aquí, se llama Malika. Está muy solicitada. No es para menos. Yo aveces la envidio... Es preciosa, tiene un cuerpo de infarto... Luego recuerdo como son las cosas aquí y se me pasa...

Yo soy una chica del montón. Muy del montón. No tengo demasiado pecho... Prácticamente no tengo nada. Estoy delgada, si, y tengo caderas. Pero nada por lo que la gente pueda girarse en plena calle como la mayoría de mis compañeras... Pero a pesar de todo, estoy bastante solicitada aquí en el “Club Clab” … Quizá os estéis preguntando por qué... Pues bien, ahí va mi secreto...

La mayoría de mis clientes no son hombres mayores que me pasean como un trofeo, yo soy la “nena de los gays” como me apodó mi odiosa compañera Ave... Que es un nombre que le va ni al pelo, yo la desplumaría sin pensarlo... En fin, que me disperso... Mis clientes suelen ser jóvenes, (más o menos) y casi siempre homoxesuales, muy pudientes, pero con familias dolorosamente conservadoras.
No suelen ser guapos... Tampoco es que me importe, pero es relevante para el relato. Sus familias no esperan que ninguno de ellos llegue a casa con compañeras como Malika ni Thalia, pero yo, parezco tan normal. Tan chica de la cafetería de la esquina, que soy simplemente perfecta para ellos. Fin. Si, mi secreto es ser más normal que la arena en la playa. Eso no es todo, claro, también tengo carisma, saber estar, y esas cosas, pero fisicamente hablando no soy nada. Aunque tampoco me importa demasiado.

De acuerdo con mi agenda, tengo cinco novios; Charles, un niño de mamá que prefiere los videojuegos y el porno gay, pero quiere tener contenta a mamá, yo soy Katia, me conoció en clase de cocina y yo me enamoré locamente de él, su madre no me soporta y eso que he hecho exactamente lo que me pidió él. No entiendo a esta familia (yo los odio a ambos, aunque es el más agraciado), Jules, un informático que se define a sí mismo como asexual, pero que tiene tanto dinero que para tener callados a sus amigos me lleva a sus encuentros para jugar a videojuegos y comer pizza, con él soy María, una chica muy tímida, que adora los videojuegos y el manga, pero es celíaca. Los papeles que me toca interpretar son curiosos, todo peticiones de mis clientes. A veces no sé quién soy... Lo aseguro...

Después están Martín, Andrés y David, los tres parecen cortados con el mismo patrón, homosexuales que no se han atrevido a salir del armario y que me llevan de fiesta en fiesta, de cena en cena, y lo peor de casa en casa... No sabéis lo que es dormir en la habitación de invitados de una casa que no es la tuya, sabiendo que tu cliente está dos habitaciones más allá acostándose con otro tío... La última vez que miré, Andrés y David estaban liados entre sí. Y Martín, estaba a punto de desechar mis servicios. Decía que quería salir del armario... Espero que le vaya bien. Siempre me traía el desayuno a la cama, y me contaba muchísimos chismes. Son divertidos. Todos ellos, bueno... Charles no.

  • Malika, ¿Qué es todo este desorden? - Digo con una sonrisa mientras recojo una camisa rosa del suelo y la deposito sobre la cama con cuidado.
  • ¿No lo sabes?
  • ¿El qué?
  • ¡Ay, Dios! ¡No lo sabes!
  • ¿Qué, qué no sé?

En ese momento Danielle, más conocida como Jey-Jey (no preguntéis por qué), entra mascando chicle, pdio esa costumbre suya.

  • Nuevo cliente a la vista, nena – Hace una pompa con el chicle – Dicen que es guapísimo y uno de los más adinerados que han pasado por aquí. Y, lo más grande, NO – ES – GAY.
  • Todos nuestros clientes son adinerados, y si no es gay, algo debe tener, sino, no estaría aquí.
  • Lady Lo – Dice Jey-Jey – Que sosa eres, como se nota que no tienes que tratar con los viejales, siempre quieren tocar más de la cuenta.

En ese momento llega Eme, el jefe del Club Clab.

  • Chicas, ¿Estáis presentables?
  • ¡Cómo si te importara! - Respondo burlona.
  • MI LADY LO – Entra, sin esperar respuesta de las demás y me abraza con fuerza. - Que guapa estás, muñeca – Dice, y me besa en la mejilla.

Eme, siempre me ha cuidado bien, desde que llegué, es como un hermano para mí, tiene como unos diez u once años más que yo. Y me trata como si fuese una muñeca, de hecho me suele llamar así.

  • ¿Estáis listas? Vais a conocer a Vladimir Broody. - Trato de hablar pero me lo impide – Salid fuera. En formación, ya, ya ya. Lo siento, Lo...
  • No me llames, Lo, nunca.
  • Perdona “Lady Lo” - Dice – Esto es muy importante para el Club.

Salimos de los vestuarios y entramos a la sala VIP. Hay moquetas rojas y moradas. Con poca ropa están allí “Caramelito”, “Boom Boom”, “Chantelle” y nos incorporamos “Jay – Jay”, “Malika” y yo. La verdad es que por un momento no sé que hago allí. Son todas las “chicas explosivas” y yo formo parte de otro mundillo. Son todas altas y esbeltas... Y yo con mi metro sesenta y tres... No pinto mucho. Pero no hago ningún comentario al respecto.

En ese momento, un hombre guapo, trajeado, entra por la puerta. Lo miro de arriba abajo, tiene el pelo peinado hacia atrás, los ojos claros y sonrisa de anuncio. Pienso que es de los míos, los del armario. Pero me han dicho que no, así que dudo.

  • Señor Broody – Dice Eme – Estás son mis mejores chicas. Espero que alguna pueda serle útil.

Odio cuando me hace sentir como un objeto. Soy una persona. Vale que mi trabajo sea poco ortodoxo... Pero sigo respirando, o eso creo. Desde que ha entrado este hombre... Me siento rara.

  • Son todas preciosas – Dice. Y yo vuelvo a pensar que es gay – ¿Tienen nombre?

Uno a uno, vamos diciendo nuestros nombres, y ahora que los oigo uno tras otro, todos me suenan ridículos... Y no quiero que llegue mi turno.

  • ¿Y tú eres? - Dice mirándome a los ojos.
  • Lady Lo.
  • Lady Lo – Repite serio. Y de repente sonríe, como si fuese lo más ingenioso que ha oído en su vida. - Te quiero a ti.

Y yo busco a Eme.

  • Gran elección – Dice.

Y tengo un buen presentimiento.

Unas hora después todos los trámites están hechos y me quedo a solas con él.

  • Bueno, Lady Lo, ¿Cómo te llamas?
  • Como usted quiera.
  • Tutéame, soy Vladimir... ¿Cómo yo quiera? Bueno... Quiero que te llames, como te pusieron tus padres.
  • Uy, no – Digo, y trato de ser lo menos ruda posible – No me gusta trabajar con mi verdadero nombre. Usar pseudónimos me ayuda a distanciarme.
  • Curioso – Dice llevándose un dedo a la barbilla. - Y si pudiéras elegir un nombre ¿Cuál sería?
  • Vladimir, yo trabajo a mi manera - Digo, tratándo de parecer profesional – Usted me dice que servicio necesita y me proporciona un nombre. A partir de ahí yo creo un perfil.
  • Me gustas. Eres directa. Te lo tomas en serio, así que te diré la verdad. Pero sólo debes saberla tú, me tomo muy en serio todo esto.
  • La confidencialidad es algo que llevo muy bien.
  • Solo puedo decirte que mi trabajo está en juego, y no no puedo decirte a qué me dedico.
  • No pensaba preguntar.
  • Necesito que seas mi pareja en algunos eventos. Te llamarás Capriccio Jones.
  • ¿Capriccio?
  • ¿Qué pasa?
  • Suena a nombre de una de mis compañeras.
  • ¿Se te ocurre algo mejor?
  • Amanda.
  • ¿Amanda Jones? Me gusta.


Así cerramos el trato. 
Y por primera vez desde que entré a trabajar, sentía auténtica curiosidad por alguien.


PD: En un principio, esto no iba a ser más que un relato corto, pero a medida que he ido escribiéndo me he enganchado a la historia, y se me ha ocurrido una trama, que creo puede estar bastante interesante. Así que muy atentos al futuro de "Lady Lo".

El relato se llamará Serendipia, y muy muy pronto os traeré la Sinopsis. 



Calendario de Adviento XXI

RELATO CORTO NAVIDEÑO.

Capítulo 4: Hoy, Domingo, 19 de Diciembre.

Un Espejo Roto. Siete Años de Mala Suerte. Capítulo IV.
 Epílogo

Se visten y montan en el coche de Aaron, un silencio dulce envuelve el ambiente. Están juntos. Compartiendo un espacio reducido en el coche. Respirando el mismo aire. Y se sienten bien. Porque a veces no hace falta hablar, porque las miradas de reojo se gritan los te quiero. Porque se quieren, y se nota. Para bien o para mal. Vuelven a estar juntos. Y sólo la muerte, podría separarlos.

Los Milagros, no sólo ocurren en Navidad. Pero bien es cierto, que es una época especial. Que invita a soñar. Y así ellos sueñan con un amañana juntos. Un mañana mejor.

Llegan al hospital, sus puertas blancas hacen que él sienta un escalofrío, quiere salir corriendo de allí, porque lo que pueda decir aquel médico, les cambiará la vida. Para bien o para mal.

El doctor Calvin, los recibe con semblante serio. Los invita a tomar asiento y mira con curiosidad a Aaron, después ladea la cabeza hacia Alanna.

- ¿Quién es?
- Aaron...
-Ah, así que tú eres Aaron- Su expresión seria se torna en una leve sonrisa de ternura. Como si entendiese lo difícil que es para él estar ahí. Aunque no tiene ni idea.
- Si, soy yo.
Un silencio incómodo inunda la estancia.
-Doctor, por favor, no se demore... - Dice Alanna.
-Bien, bien... Alanna, tu cáncer de pecho ha remitido del todo...

Nadie sonríe, el doctor ha dejado la frase abiera y eso no es buena señal... 
Contienen el aliento, esperando las próximas palabras de Calvin, cuya expresión es cuanto menos, preocupante. Se miran, se agarran la mano con fuerza y el doctor lo nota. Intercambian miradas. Suspira. Es una agonía interminables.

- Alanna, te quiero, te sigo queriendo. 
- Aaron...
- Vuelve conmigo podemos ser felices, pase lo que pase.
- Te quiero Aaron.

El doctor observa la situación y tamborilea en la mesa tratando de llamar su atención...

- Señores, no me han dejado acabar - Carraspea un poco y mira de nuevo a Alanna - Tu cáncer de pecho ha remitido del todo... - Otro silencio. - Y no hay indicios de metástasis por ninguna parte.  -Una sonrisa.- Siento haber tardado tanto en decírselo, pero tenía la sensación de que había cosas que ustedes tenían pendientes, y no quería romper el momento - Los mira. Están felices. Les brillan los ojos - Feliz Navidad.


Calendario de Adviento XIV

Relato Corto Navideño

Capítulo III: Hoy, 14 de Diciembre.
Capítulo IV: Domingo, 21 de Diciembre.

Un Espejo Roto. Siete Años de Mala Suerte. Capítulo II.
Y acto seguido cogió la maleta y abandonó aquella casa. Sin mirar atrás. Llamó un taxi. Y se fue.

No se hubiese arriesgado a pisar la estación... Tal vez él estuviese allí. Trabajaba allí. Iba, venía... Pero a fin de cuentas allí...

- Alanna... ¿Qué pasó?
- Me diagnosticaron cáncer... No quería hacerte sufrir.
- He sufrido de todas formas. Y he sufrido sin ti.
- Aaron... Lo siento.
- Sentirlo no basta.

Las palabras que se decían, no expresaban lo que sentían y ambos se dieron cuenta de eso. Antes de seguir echándose cosas en cara, de decirse palabras que no solucionarían sus problemas. Antes de complicar algo que ya de por sí, era enrevesado... Se acercaron. Se acercaron porque no les quedaba más remedio, porque sus cuerpos se habían estado gritando desde que se vieron. Porque necesitaban tocarse aunque sólo fuese por un segundo.
Y cuando la mano de Aaron se posó con suavidad sobre la de Alanna, la descarga del magnetismo provocada por dos polos tan opuestos, dos polos que se atraen tanto... Explotó. Se besaron.

Se comieron a besos en la estación en la que se conocieron. Se comieron a besos, en el camino a su cafetería. Se comieron a besos durante la merienda. Se comieron a besos en casa. Y se comieron a secas en la cama.

Porque antes de empezar una vez más la guerra que tenían pendiente, antes de acabar una batalla de vencidos sin vencedores, debían presentar una tregua. Porque se seguían queriendo después de este tiempo. Porque no había odio, ni rencor. Porque ya tocaba un poco de felicidad.

- Te he echado de menos - Dice ella recostada en su pecho.
- Yo he tratado de olvidarte cada día... Pero ha sido inútil.

Sonríen y vuelven a besarse. Pero la tregua ha acabado y ya va siendo hora de presentar armas.

- El cáncer no es excusa para que te fueras - Dice Aaron.
-Yo no estoy usando el cáncer como excusa, Aaron, me fui porque no encontré razones para quedarme, porque me sentía demasiado débil para...
- Cobarde...
-¿Qué?
-No te sentías débil, te sentías cobarde. Fuiste una cobarde y no quisiste enfrentarte a la realidad.
- Me enfrenté a mi realidad.
- Y lo hiciste sin mí.
- Porque...
- No querías hacerme daño - La interrumpe con sorna. Pero acto seguido se aplaca - Entiendo, que lo hicieras pensando en mi bien, pero ¿Entiendes tú lo mucho que me duele?
- Si, si y si, y lo siento.

Otro beso. Esta vez, mezclado con algunas lágrimas. De perdón. De arrepentimiento. De "te quiero mucho y no quiero volver a separarme de ti". Besos de verdad. De película. De libro. De Cine. Besos.

- Aaron...
-¿Si?
- Quiero que me acompañes hoy al hospital.
-¿Te encuentras mal?
-No, hoy es mi última sesión de quimioterapia.
-¿La última? ¿De verdad?
-Bueno... si Dios quiere si... Tendré que esperar los resultados.
- De acuerdo, vamos.

Se visten y montan en el coche de Aaron, un silencio dulce envuelve el ambiente. Están juntos. Compartiendo un espacio reducido en el coche. Respirando el mismo aire. Y se sienten bien. Porque a veces no hace falta hablar, porque las miradas de reojo se gritan los te quiero. Porque se quieren, y se nota. Para bien o para mal. Vuelven a estar juntos. Y sólo la muerte, podría separarlos.


Calendario de Adviento VII

Relato Corto Navideño.

Capítulo I: Un Espejo Roto. Siete Años de Mala Suerte.
Capítulo II: Hoy,  Domingo, 7 de Diciembre.
Capítulo III: Domingo, 14 de Diciembre.
Capítulo IV: Domingo, 21 de Diciembre
 

Un Espejo Roto.Siete Años de Mala Suerte.Capítulo II.  
- ¿Aaron? ¿Eres tú? - El sonido de su voz lo hace caer en un abismo muy oscuro, y al girarse y mirarla, es como si el sol volviese a salir. Es ella. Es ella, de eso está seguro. Pero... está distinta...
- ¿Alanna? - Sorprendido, se acerca a ella despacio. Con sumo cuidado. Temiendo hacer algún gesto brusco y que ella desaparezca... Otra vez. - Has vuelto - Dice, pero el nudo de su garganta le impide continuar. Toma aire despacio. - ¿Qué te ha pasado?
- Es obvio, ¿no? - Contesta ella, mientras señala el pañuelo de su cabeza.
- ¿Desde cuándo?
-Desde que me fui.
- No me lo dijiste...
- No quería hacerte daño...
-Pues lo hiciste. 
- Aroon, no deberías estar aquí. No deberíamos habernos visto... Tengo que irme.
-No - Dice. Sereno. Más de lo que debería. - Vas a quedarte y vas a explicarme por qué te fuiste derepente, porqué no me dijiste que tenías cáncer y porqué demonios, me merecía ésto.
- No hay respuesta para esas preguntas. Lo hice por que pensé que era lo mejor. Me daban pocas esperanzas de vida, y yo no podía atarte a mí. Tú tenías derecho a ser feliz.
- Eso también me concernía a mí, decidirlo. ¿No crees?
-Aroon, no me lo pongas más difícil.
-¿Difícil? ¿Difícil? Difícil ha sido levantarse cada mañana y no saber de ti. Buscarte en las estaciones, en las calles, en cada maldito autobús que pasaba. Quemar las horas frente a la ventana imaginando que podrías estar en uno de ellos... Soñando con que tal vez un día volverías aquí... Volverías conmigo... Y ahora... Estás. Sí que estás, pero estas distinta. Y no has venido por mí.

Tal vez no era el lugar. Ni el momento. Tal vez ese día jamás debió llegar... Ahora, Alanna echa la vista atrás y recuerda como fue todo. Cuando tomó la decisión. Y se arrepiente de haber jugado esas cartas. Se arrepiente de no haber sabido afrontar su enfermedad de la mejor manera.

... Hace uno meses ...

- Ten cuidado con el espejo... Ya rompiste uno, no querrás otros siete años de mala suerte ¿Verdad? - Ella ríe, mientras obsera como Aaron coloca el espejo nuevo en el dormitorio.
- Tranquila, no se me caerá... Además yo no creo en la mala suerte. Hace como cinco años que lo rompí, y nos hemos conocido ¿No? 
- Eso si que ha sido mala suerte - Responde bromista.
- Pues si eso es mala suerte, romperé mil espejos más. Para poder conocerte cada día.- Termina de encajarlo bien y se acerca a ella. La agarra por la cintura. Fuerte. Con ganas. Terriblemente sensual. Y la besa. Con dulzura. Con pasión. Y ella le responde con todo el amor que es capaz de expresar en ese gesto. 

Se separan, y se miran. Sus ojos brillan. Hay fuego. Hay cariño. Sonríen. Y de nuevo otro beso. Rápido. Fugaz. Cargado de ilusión. Aaron se separa despacio y suspira. 

- No quiero ir a trabajar - Dice mientras se quita la camisa y  busca el uniforme en el armario- Quiero quedarme aquí, contigo. 
- A mí también me encantaría que te quedases, pero la vida es dura, mon cheri - Se acerca a él y vuelve a besarlo.- No te preocupes, seguiré aquí cuando vuelvas - Acto seguido, se arrepiente de pronunciar esas palabras, porque lo cierto es que no está muy segura de lo que va a pasar...

- Eso espero - Dice él sonriente.

Aaron se marcha a trabajar. Desganado porque lo único que quiere es estar con ella. Pero feliz a pesar de todo. 
Ella en cambio, está en casa. Camina nerviosa de un lado a otro. Abre el bolso en busca de su agenda. Entre las páginas encuentra anotada una cita con el médico. Se estremece. "Esto no pinta bien" ... Esas palabras retumban en su cabeza desde hace una semana, y aún no le ha dicho nada a él. Y no lo hará.

Después de vestirse. Pasea por la casa en silencio. No llora. Se está reservando para el diagnóstico, que no se hará de rogar. Vaga por las habitaciones. Por la cocina. Por el salón. Recoge una foto que tienen los dos en la mesita de la entrada, y se la lleva al dormitorio. Saca una maleta de debajo de la cama y empieza a llenarla. No puede evitar que un par de lágrimas rebeldes se escapen de sus ojos y se pierdan de camino a sus mejillas. Una de ellas cae sobre el marco de la foto. Triste. Solitaria. Por fin cierra la maleta y la deja sobre la cama.
Mira la hora y sale de casa. Se cubre la cara como puede, para evitar en la medida de lo posible que la reconozcan y en unos quince minutos ha llegado al hospital.

- ¿Alanna Mathews?
- Aquí.
- El Doctor Cameron la espera.

Entra con paso decidido, dispuesta a ser fuerte pase lo que pase. Pero es frágil. Y sus movimientos temblorosos la delatan...

- Me temo, Alanna, que no tengo buenas noticias...
- Es cáncer, ¿Verdad?
- Sí.
-¿Dónde?
- En los pulmones... - Silencio. Ella siente un dolor desgarrador que parece querer devorarla, pero no es el cáncer. Es la tristeza. Es el miedo. Es todo aquello que ha callado lo que quiere salir de su garganta en forma de grito - Alanna - Continúa hablando - Voy a ser franco contigo... No pinta bien... Es un tipo de cáncer muy agresivo. Pero quiero que sepas que haremos todo lo posible para salvarte. Necesito que estés dispuesta a luchar. No va a ser fácil. Pero podemos conseguirlo.

Ella se mantiene en silencio. Presa de sus pensamientos. ¿Qué le diré? ¿Una nota? ¿Nada? ... Hay pocas posibilidades... No merece tener que soportar todo esto conmigo para que después... ¿Qué pasará si no vivo? No, no puedo hacerle eso... Esta guerra debo lucharla yo sóla. No más víctimas inocentes....

- Alanna, ¿Estás bien?
- Si, si doctor.
-¿Estás preparada?
- Sí, lo estoy...

Lo dijo convencida. Más de lo que esperaba. Aunque no supo si se refería a luchar o a dejarlo a él. Lo cierto es que finalmente, volvió a casa, y lloró. Lloró durante horas, pero no porque temiese a la muerte. No por el dolor de saber que estaba enferma. Lloraba porque tenía que abandonarlo sin darle explicaciones. Lloraba porque era demasiado débil para enfrentarse a su reacción. Lloraba porque tal vez no volvería a verlo. Pero sobre todo lloraba, porque cuando salió de casa, no había sido capaz de decirle cuanto lo quería.

"Tal vez si que merezca morir" - Pensó.

Y acto seguido cogió la maleta y abandonó aquella casa. Sin mirar atrás. Llamó un taxi. Y se fue.

No se hubiese arriesgado a pisar la estación... Tal vez él estuviese allí. Trabajaba allí. Iba, venía... Pero a fin de cuentas allí...


Calendario De Adviento III

Relato Corto Navideño


En este tercer día, del Calendario de Adviento os propongo escribir un Relato Corto Navideño de cuatro capítulos, a publicar los días: 

Capítulo I: Hoy, 3 de Diciembre.
Capítulo II: Domingo, 7 de Diciembre.
Capítulo III: Domingo, 14 de Diciembre.
Capítulo IV: Domingo, 21 de Diciembre.

Un Espejo Roto.
Siete Años de Mala Suerte.
Capítulo I.


Poco a poco abre los ojos, con dificultad se adapta a la luz que entra por la ventana. Se retuerce en la cama, y lucha, con poco éxito, por volver a conciliar el sueño. Cansado de su guerra perdida con Morfeo, se levanta a duras penas y camina desganado al baño. Otro día más. Piensa.

Lleva siete años culpando a los espejos de su mala suerte. Ha hecho cálculos, y si no se equivoca hoy debería acabar de una vez su racha. Aunque eso no lo anima demasiado.

Mira por la ventana. Abatido. Y el frío parece instalarse en sus huesos. Tiene el corazón helado, desde que ella lo dejó. Sin una explicación, sin nada a lo que agarrarse. Nada que pudiese ayudarlo a olvidarla. Solo el regusto amargo del café frío que tanto odia. La Navidad era su estación favorita del año, pero ahora solo es un día más en el calendario. Un día más para tachar. El año está a punto de acabar, como se acaban los cigarrillos de su paquete... Ella odiaba el tabaco... Pero ya da igual, porque no está.
Y poco a poco se convence, a medida que la esperanza se marcha, que tal vez nunca refrese, que debería pasar página... Pero su libro está acabado. No hay nada más allá. ¿O tal vez si?
Dicen que la Navidad, es esa época dónde los sueños se hacen realidad. Pero el único sueño de Aaron, es volver a dormir. Y tal vez no volver a despertar...
Cansado de sí mismo, se abriga y sale a la calle, en busca de cualquier cosa, que lo haga olvidar, al menos por un momento la soledad en la que se halla sumido desde hace meses... Camina por las calles decoradas de luces, camina entre las parejas felices que se demuestran su amor y le provocan arcadas, camina entre las familias alegres que paran a tomar café y dulces en el Starbucks de la esquina.

Se siente un fantasma. Se imagina así mismo como un espectro negro que desentona en la blancura de la nieve, un ente gris, triste y taciturno que nada tiene que hacer en una calle feliz como aquella. Vuelve a sentirse peor consigo mismo, aunque no es su culpa, es decir, ella se marchó. ¿Qué podía hacer? Ella nunca le dijo su destino. ¿Es que acaso no lo merecía?

Casi sin querer y arrastrado por su subconsciente, llega a la estación de autobús donde se conocieron, ella volvía a casa de vacaciones y él se hizo pasar por un pasajero más. Hablaron durante todo el camino, aunque el trayecto no era muy largo... El amor a primera vista puede ser real, el amor de estación puede ser muy doloroso, piensa.
Se queda ahí parado, frente a los andenes, escuchando la voz mecánica, artificial que anuncia las idas y venidas de más y más autobuses cargados de distintos personajes. Y respira hondo, empapándose de cada momento. Calándose hasta lo más profundo de melancolía... Entonces, recuerda su colonia, y sus ojos se llenan de lágrimas, pero las espanta rápidamente parpadeando con fuerza. Recordándose que debe ser fuerte, que ella se fue. 

Decide que ya ha pasado demasiado tiempo en la estación, que el ruido de los motores le perfora los tímpanos, aunque no es cierto, que el olor de la gasolina lo asfixia, pero tampoco es verdad. Lo que embota sus sentidos y lo ahoga es el saber que ella no está ahí.

... O al menos... Eso cree él...

- ¿Aaron? ¿Eres tú? - El sonido de su voz lo hace caer en un abismo muy oscuro, y al girarse y mirarla, es como si el sol volviese a salir. Es ella. Es ella, de eso está seguro. Pero... está distinta...


Unfaithful



Cierra la puerta y piensa, "si los ojos son el espejo del alma, la mía debe estar llorando". Se enjuga las lágrimas y comienza a bajar las escaleras. El ruido de sus tacones es lo único que se oye. La puerta se abre. Unos pasos la siguen. "Mierda" piensa. 

- ¿Pensabas irte sin despedirte? - La mira sonriente. Algo adormilado. No espera respuesta- Es casi medianoche, ¿Cuándo me he dormido? ¿No te quedabas a dormir?
- No me encuentro muy bien, prefiero volver a casa- Miente. Ya es toda una experta.
-Entiendo- Dice no muy convencido- Al menos me darás un beso, ¿No? - Sonríe. 

Ella se limita a subir unos escalones hasta ponerse a su altura y lo besa. Con dulzura, con cariño. Se muerde el labio para no dejar escapar las verdades que se le acumulan.

***

Se deja besar. Se deja quitar la ropa. Se deja acariciar por otras manos. Por otro hombre. Deja que entierre la cara en su pelo enmarañado. Deja escapar una lágrima y se la enjuga antes de que la delate. Esta vez no es como las otras, no lo disfruta. Se deja hacer y deshacer. Hoy no es ella. Ésta vez, no encuentra excusas, no hay perdón, porque por mucho que evite pensarlo, por mucho que quiera excusarse. Le está siendo infiel. 

Y él, lo sabe. O al menos debería saberlo. Ella no se ha esforzado mucho en ocultarlo. ¿Por qué? Porque en realidad quiere que la atrapen, quiere que la pillen. En su interior desea, que los dos descubran que no es tan buena como aparenta, que no es la chica que ambos creen. Es una mentirosa. Y si alguno descubre un mordisco donde no debería, un arañazo, todo se acabó. 
No perderá una batalla, perderá dos guerras. Y es que tener dos frentes abiertos, no suele salir bien. 


Better Feel Pain?


Fuera la lluvia caía con fuerza y repiqueteaba contra los cristales. El sonido de las gotas al chocar agresivamente contra el asfalto de la calle, curiosamente la tranquilizaba. Un relámpago iluminó la estancia. Sus ojos enrojecidos por las lágrimas, su maquillaje destrozado, los surcos en sus mejillas. Su respiración entre cortada. El vacío en su mirada. Su tristeza. Segundos después, el trueno, fiel acompañante, hizo temblar los cristales, como un grito ahogado. Supuso que ese sería el sonido que saldría de ella misma si algún día decidía gritar todo aquello que pensaba. Pensó que sería como un rugido de lo más profundo de sus entrañas, que cansadas de soportar tantas cargas, habrían explotado y confesarían al mundo todo lo que nunca se atrevieron a decir.

Temblaba, pero el frío no era la causa. Acababa de llegar a casa, por suerte no había nadie. Estaba empapada por la lluvia y calada hasta los huesos de un amor unilateral. Tenía el corazón, o al menos lo que le quedaba de él, congelado. Helado y vacío. Se habían encargado de secárselo poco a poco hasta dejarlo inútil. Tenía la cabeza embotada, le pitaban los oídos y la boca le sabía a sangre. Lo que era curioso, porque no recordaba haberse mordido el labio con tanta fuerza.
Aún así, otro relámpago arrojó luz sobre la estancia una vez más, estaba frente al espejo de cuerpo entero de su habitación... Y sonreía. No era felicidad, era una sonrisa perturbadora. Casi psicópata. Con el rastro de rímel enmarcando sus ya pronunciadas ojeras, con la sangre en los labios, había descubierto lo que era enamorarse, lo que era que te rompieran el corazón. Estaba rota, pero eso no le asustaba. Podía reconstruirse, y jurando por él, aquella triste tarde lluviosa, que lo haría.



Érase una vez

- ¿Has visto últimamente a Caperucita? , va mucho con el Lobo Feroz, está visto que del amor al odio hay un paso y del odio al amor, tres cuartas de lo mismo. 
- ¿Y Blancanieves? Pobre... más le hubiese valido no haber conocido a ese supuesto Príncipe, ¿Sabes lo que dicen?, que se atiborra de manzanas rojas, es lo único que come, supongo que desea volver a caer en un profundo sueño y no volver a despertar.
- Eso no es nada, peor lo tiene Aurora.
- ¿La Bella Durmiente?
- Si, si, esa, esa. ¿Recuerdas que se pinchó con la rueca? Pues está tan arta de su príncipe que no hace otra cosa que buscar agujas. La diferencia es que éstas llevan algo más. Dormir para siempre y que ni mil besos la despierten.
- Pues yo podría darte muchos más ejemplos, Bella por ejemplo, debería haberse casado con Gastón, que ya lo dicen, "más vale malo conocido que bueno por conocer", y por llo que he oído, los moratones que esconde bajo los ropajes no son de caer por las escaleras... La pobre Ariel, que salió del mar para ahogarse en alcohol, Rapunzzel que después de cortarse el pelo le cogió el gusto a las cuchillas, ¿Has visto alguna vez sus brazos?, las cicatrices delatan lo que los cuentos no dicen. Y Cenicienta...pobre muchacha, no volvió a ser la misma desde que rompió sus zapatos de tacón, creo que debió pensarse gorda... Si la vieses ahora... Sus costillas narran la hhistoria más triste jamás contada, es imposible ser indiferente ante ella...
- ¿Y los príncipes que ha sido de ellos?
- Ellos están demasiado ocupados siendo felices y comiendo perdices. Que en los cuentos... Nunca dicen que sucede después.

Aveces que el corazón lata no quiere decir que una persona esté viva. 



Abriste Diligencias, Espero Ejecución

Se mira al espejo y no se reconoce. Ojea los apuntes, pero no consigue concentrarse, no es el Derecho lo que quiere recorrer con la mirada, no son los bolígrafos lo que quiere estrechar entre sus manos. Tampoco sabe lo que quiere realmente. Deambula por la casa vacía, en busca de una respuesta, se acerca a la cocina y abre la despensa, se queda ahí durante un rato, como si en las etiqueta de las latas se encontrase el manual de instrucciones para reconducir su vida. Suspira desilusionada. Se prepara un té y mientras oye como la leche hirviendo cae en su taza favorita, cierra los ojos y desea algo con fuerza. Vuelve a la habitación, se sienta en la cama con la taza humeante en las manos y da un ligero sorbo.
Las lágrimas caen por sus mejillas no hace nada por detenerlas. Lo necesita. Necesita sacarse la espina de lo que pudo ser y no será. Y también debe llorarse por querer haber querido lo que no supo querer.
Da otro sorbo, el dulce sabor del té chai latte hace contraste con lo salado de sus mejillas caladas. Una vez leyó que el amor, o muere o mata, porque amores que matan, nunca mueren y que cuando mueren solo hay dos opciones: engañar o romper. Y ninguna le vale.
Ultimamente tomar decisiones la aterra. Ya no se siente fuerte, ahora todo la hace dudar. Ahora ha perdido su punto de apoyo. Ahora si que tiembla a su lado. Pero a pesar de todo se levanta feliz. Y en certo modo, eso le basta, ¿Para qué más? ¿No es acaso eso lo que quiere todo el mundo? La felicidad. Las horas corren a su lado, el tiempo fluye, él hace que sienta que todo merece la pena. Y después vacío, tristeza, melancolía. La llama se apaga a medida que el rugido del motor la aleja de su felicidad, y el día que empezó siendo perfecto como su sonrisa, empieza a caer en la monotonía de los demás y se vuelve gris. Ya no le gusta.
Otro sorbo, se seca las lágrimas con cuidado. Se propone tomar una decisión y deshecha la idea en el acto. Busca en el armario un conjunto para el día siguiente, sin saber tan siquiera si aparecerá. ¿Pero no es acaso esa incertidumbre lo que hace la vida interesante? Escoge con cuidado. Desea sorprenderlo. Ya está contando las horas, otra vez por él. Siempre es por él.
Y de nuevo la sonrisa, la ilusión, el mero hecho de tener algo por lo que luchar, por lo que no darse por vencido, y otra vez la tristeza de no saber si es eso lo que quiere. Y de vuelta a las lágrimas de un orgullo que se muestra impasible. Y los gritos acusadores de un corazón marchito que lo quiere todo y de una cabeza errática que se niega a querer nunca más.
Los apuntes siguen desperdigados sobre la mesa, y el té se ha quedado frío. Ya no se lo tomará.




Una Palabra Una Historia, III


LIBRO

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Se revolvió en la cama, otra noche más de insomnio. Hubo un tiempo en que llorar, hacía que sus ojos se hinchasen y le provocaba sueño, eran días en los que dormir era relativamente fácil. Ahora se había acostumbrado tanto que pasaba las noches en vela repasando todo lo malo que le ocurría.
Se levanta, apesadumbrada, son las cinco de la mañana, en dos horas tendrá que levantarse, no va a molestarse en intentar conciliar el sueño otra vez. Se acerca a la estantería, y ojea uno por uno cada libro. Quizá podría leer algo de Federico Moccia, pero eso le recuerda su última relación fallida, lo mal que le va en el amor últimamente... Desecha la idea. John Verdon... Es una apasionada de la novela negra, y ese hombre la cautiva de sobre manera, pero no le apetece nada que tenga que ver con crímenes y asesinatos... "Abzurdah" de Cielo Latini, recuerda cuando la leyó, y un escalofrío le recorre la columna, definitivamente ese no es el libro que más le conviene. 
En el estante de arriba están sus sagas favoritas, Los Juegos del Hambre, Divergente... Las protagonistas de ambos le recuerdan a todo lo que desea ser, pero no acaba de conseguir. Ella nunca será la mejor en algo, ni tampoco se siente valiente.
Temblor, Rastro y Siempre, adora esa trilogía, pero de nuevo el vacío de un amor que no ha funcionado la hace resistire.
Tiene tantos libros, y en estos momentos no se encuentra conforme con ninguno... 
Suspira. Derrotada, abatida. Vuelve a mirar el reloj, no han pasado ni quince minutos, odia esas noches solas, y vacías... Las odia muchísimo...
Vuelve a girarse y decide coger el primer libro que se encuente. "Lolita" de Vladimir Nabokov. ¡ES PERFECTO! adora ese libro, lo habrá releído como diez mil veces, no se cansa de revivir la historia una y otra vez, y lo cierto es que no tiene muy claro el por qué le encanta tanto pero lo hace.

Vuelve a la cama, en compañía de Humbert Humbert, busca en su teléfono una canción para dar banda sonora a su lectura. Uno de los discos de Lana del Rey le parece perfecto para el momento.

Y así, una noche más, se desconecta de la realidad, se olvida de su insomnio y se adentra en la vida de otra persona, lejos de todo lo que le provoca algún dolor. Distanciándose de aquellas cosas que no la dejan vivir.

Te Robo Una Frase III

Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando. —Julia Navarro —Dispara, yo ya estoy muerto.

Ya no había días felices. Una sombra los había eclipsado. Me levantaba, seguía una odiosa rutina de sofá y cama. De helados, croissants, chocolate y cafés. Cada día parecía más igual, y más horrible que el anterior. Era como si no hubiese noches, porque no conseguía dormir. Tenía ojeras, que ya parecían inherentes a mí. No sabía cuando me habían salido, pero tenía la sensación de que no se irían jamás... Todo empezó el día que salió de mi vida, el día en que me dijo, que ya no quedaba nada que nos uniese, que todo aquello que habíamos vivido se había vuelto un recuerdo vago para él, como un mal sueño cada vez menos nítido. Y yo estaba ahí, hecha un lío, tratando de comprenderlo, de no romper a llorar, de autoconvencerme de que aquello era una pesadilla y de que estaba a punto de despertar. Pero jamás desperté.
Yo era hija única, huérfana de padre y madre, estaba sola en el mundo. Sola, salvo por él. A él que lo conocí una tarde lluviosa en el Starbucks. Él que cuando me sirvió un Frapuccino de Mocha blanco, escribió en el vaso, "Preciosa" y su número de teléfono. 
Era la primera vez que me pasaba algo parecido y me sentí como en un cuento. Por fin era la protagonista de mi propia película, y por una vez no era de terror...
Aún así, ahora me había abandonado a mi suerte, cuando más enganchada estaba... Y yo a estas alturas ya no puedo vivir... En realidad, si que puedo, pero ¿Para qué? ... Es decir, no tengo familia, ni amigos, ni trabajo, ni estudios... Estoy de ocupa en un piso lleno de mugre, de cucarachas y suciedad... 
No quiero que sintáis pena por mí, ni que me tachéis de cobarde... Yo creo que podemos elegir que hacer con nuestras vidas, siempre y cuando nuestra decisión no afecte a nadie... En mi caso sólo hay una persona que podría echarme de menos y hace más de un mes que no sé nada de él...
Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando. 

... Creo que ya he elegido.


PD: Hoy tengo mi penúltimo exámen, y prometo que a partir de la semana que viene traeré textos novedosos cada día y no sólo mis textos antiguos y las iniciativas. ¡Deseadme suerte una vez más, muñecos!