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Roses


Lo que Ima quiso contarme, y yo me negué a escuchar.

Por un amor que comienza otro se acaba. 

Otra escapada 'romántica' más. Que como todas las anteriores no tenía nada de romántica. Pero como siempre... Me daba igual. Nadie se imagina su cuento de hadas como una truculenta historia construida sobre los pilares de la mentira, la manipulación y los engaños. Nadie quiere vivir con un nudo permanente en la garganta y con la idea de que van a descubrir todos los secretos que han forjado el teatro de sus vidas... Nadie busca eso... yo en cambio no tengo ningún problema en hacer mías todas esas cosas... Aquel día iba más distraída que de costumbre, supongo que por eso no noté que había dos vasos en el fregadero, aquello podría haber sido una pista crucial, me hubiese evitado algunos problemas. Tampoco me percaté de que él no estaba tan sereno como de costumbre, parecía estar esperando algo... Por una vez no le dí importancia... Y así me salió la jugada...

Aquello era ya lo habitual, comprobar que no hubiese nadie en casa, correr todas las cortinas mientras yo subía a la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Después subía él, tranquilo como siempre (no le gustan las prisas y a mí tampoco), yo siempre me quitaba la ropa bajo su atenta mirada, se había convertido en una especie de ritual entre nosotros, pero aquel día lo hizo él. Me desabrochó lentamente los botones del pantalón, me levantó la camisa e incluso me besó el cuello. Sentí una ligera sensación de pudor, lo que era tan raro en mí que por un momento me hizo temblar, pensé que perdía el control de la situación... Nada me aterraba tanto.
Debí darme cuenta de que había algo distinto en su forma de hacer el amor, la cama se estremecía más que de costumbre bajo nuestros cuerpos, él estaba más apasionado que nunca y yo quería dar mucho más de mí, pero tenía una extraña sensación en el cuerpo que no me dejaba abandonarme como había hecho otras veces.

Agotados, echados sobre la cama, recobrando el aliento, esperando que el cuerpo recobrase su temperatura normal, oímos como la puerta de la calle daba un fuerte golpe.
Sonido de pisadas subiendo las escaleras, son tacones. Los pasos se acercan, se detienen. Dos golpes en la puerta. Se me hiela la sangre, se me para el corazón, se me seca la boca. Solo puedo pensar que hasta aquí ha llegado mi obra de teatro, el trágico final se acerca y yo he olvidado el maldito guión. El sonido de una hoja pasando bajo el marco de la puerta. Los pasos se alejan, serenos, tranquilos. La puerta vuelve a abrirse y se cierra esta vez sin apenas hacer ruido. Se escucha el motor de un coche, arranca, se marcha. Cada vez se oye menos. Desaparece. Se ha ido, sí, se ha ido para siempre. Aunque siempre es mucho tiempo. Al menos eso dice la nota.
Él no reacciona de ninguna manera, es como si no le sorprendiese. Yo creí que saldría corriendo tras ella, que se disculparía y que ese sería el fin de mi cuento. Pero en lugar de eso vuelve a recostarse a mi lado, me besa la frente, me dice que estoy helada, me echa la manta encima, coge el libro de la mesilla y empieza a leer... Como si nada.

Con mucho esfuerzo consigo hacer que mi cuerpo reaccione de nuevo, reúno las fuerzas que me quedan y empiezo a hablar.

-¿Y ahora qué?
-Podría regalarle rosas, veinticuatro rosas de despedida.
-¿Veinticuatro rosas? ¿Por qué veinticuatro?
-Una por cada vez que he acabado en la cama contigo-Dice, locuaz, como siempre ha sido y me sonríe.
Lo que más me sorprendió fue que llevase la cuenta de nuestros encuentros, yo no había tenido el valor de numerarlos por miedo a que el número me sobrepasase y fue entonces cuando caí en la cuenta.
Por fin lo entendí. Lo entendí todo. Él nos descubrió. No fue un error mío. Yo no cometo errores. Él sabía que ella llegaría antes de lo previsto, pero no me dijo nada. Lo había planeado... Pero, ¿Por qué? ¿Acaso quería que ella lo abandonase? ¿Quería estar conmigo?

Y ya que la lógica se había desvanecido y no quedaba ni un ápice de integridad en aquella habitación. Decidí que de perdidos al río. Me lancé en brazos de la locura, lejos de los frenos de mi carcelera, Realidad, y lo besé. Como siempre había querido besarlo y nunca había sido capaz de hacerlo. Lo besé con fragilidad, con ternura, con dulzura, con inocencia, con ligereza. Un beso cargado del amor simple, del amor del bueno.

Amor de verdad.


Feliz Día de San Valentín, para aquellos que lo tengáis. Yo por mi parte detesto este día.
A algunos de vosotros ya os sonará este texto y es que lo he recuperado de mi antiguo blog Click Aquí para acceder, porque creo que es apropiado para hoy, y lo he adaptado un poco a la historia de Ima.

Dos Mil Catorce, lo llamaron


Y es que, amor, trescientos sesenta y cinco días dan para mucho. Y para mucho da este corazón que no sabe de frenos. Y ahora echo  la vista atrás tratando de recordar todo lo que ha pasado. Tú has pasado, y no lo sabes. Porque todavía no nos conocemos, porque dos mil catorce abrió diligencias, y en dos mil quince nos espera ejecución.

Mi querido Enero, te siento lejano. Fue un comienzo bastante truncado, mucho que estudiar, una relación más muerta que viva, pero ya sabes lo que dien, ¿No?, lo que mal empieza. Bien acaba. Mi Febrero, creo que no fuiste mi mes del amor, terminó de romperse el fino hilo que nos separaba, llegaron unos exámenes para los que no estaba preparada, y de los que  milagrosamente salí cuasi-ilesa. Y tal vez empecé a respirar, pero aún sentía agua en los pulmones. Mi adorado Marzo, mi feliz cumpleaños, y qué cumpleaños, gracias por aparecer en mi vida, bombón, gracias, porque fuiste mi mejor regalo, y no lo sabes. Pero ya me encargo yo de decírtelo. Mi pequeño Abril, tú tienes muchas cosas, más de las que imaginas, tengo muchos recuerdos contigos, y una noche, el diez, especialmente especial. Y me la guardo como la noche del año, que han sido trescientas sesenta y cinco, y esa está especialmente marcada. Mi amado Mayo, mayo, mi vida, mayo, mi amor, yo no lo sabía, pero un quince, llegó alguien, y un pedacito de mí, se quedó prendado, envenenado, y ese veneno terminaría por infectarme, pero para ello, tendría que llegar el fin de Octubre. Aún así yo te marco como mayo, gracias mayo, porque ahora creo. Creo en ti y en mí. ¿Será real? No sé. Mi Junio guerrero, otro mes de exámenes. Sólo tengo el recuerdo de las idas y venidas, de los nervios, del estrés, de las gaanas de escapar, de mis ganas de verte, de veros Marzo y Mayo. Mi festivo Julio, con su siete, San Fermín, con el último exámen, con el cumpleaños de mi mejor amiga, con uno viaje especial. Con muchas ganas de desconectar. Mi caluroso Agosto, donde vuelve a calentar Marzo, dónde de nuevo otro cumpleaños, otro pequeño viaje. Tantas cosas que recordar, tantos momentos que resumir. Mi Septiembre, el que en otro momento fue mi mes, ahora ya no, ahora el veintiséis suena a roto. Más exámenes, época de redención, de recuperar el tiempo perdido, de superar adversidades... Mi escabroso Octubre, un nuevo comienzo, el reencuentro con los compañeros, con mi Marzo, con todos los que quise en algún momento. Con ellos. Mis tetes. Conociendo a mis niñas, las que siempre están aquí. En el coche. En el bus. Con mi Mayo, que volvió el treinta de Octubre. Que me hizo eternamente feliz. En un viaje breve pero intenso. Con mi cariñoso Noviembre, que empezó con más fuerza que ninguno, que te arrastró hacia mí, la semana más feliz del año. Pero también el que me puso la miel en la boca y me la quitó de golpe. Ay, Noviembre, ¿Por qué tan cruel? y finalmente, pero no por ello menos importante, mi frío Diciembre, que sacó de mí, lo que no pensé que tenía. Todo el cariño que tenía. Todos mis nervios. Mi todo y mi nada, junto en un mes. 

No podría decir cual ha sido el mejor, ni cual el peor. Pero gracias a todos los que habéis pasado por mi vida. A todos los que me hacéis sentir algo, para bien o para mal.

Gracias Dos Mil Catorce, te despido con una sonrisa.
Bienvenido, Dos Mil Quince, dame todo lo del Catorce más uno, cheri.




Apostar nunca fue tan peligroso

Al principio era un juego. Mi juego. Era divertido pero se me fue de las manos. Debí haber sabido que las sonrisas y las miradas no me llevaban a ninguna parte. Pero ganaron mis ganas de probar suerte. Nada sabe mejor que ver como sonríe, que hacer que se ría. Y es que prometo disfrutar de cada instante, de cada minuto como  si fuera último. Que esto es una especie de amor a contra reloj, amor con las horas contadas, amor con fecha de caducidad. Voy a grabar su recuerdo en mi cabeza, voy a atornillarlo, a graparlo, voy a esculpirlo. No voy a dar este juego por acabado. Quiero ganar, puedo ganar. Que todo en esta vida pasa por algo, y si tú has pasado por mi vida seguro que es para quedarte. Eres todo aquello que siempre quise y nunca pude tener... Y sé que estoy perdida, que pocas oportunidades me quedan, pero no me doy por vencida. Porque si decido tratar de olvidarlo va a doler, y si decido no olvidarlo también. Pero ya no me importa, porque quizás la próxima partida sea la mía, por fin. Quizá todo sea un plan que el destino cose y descose a placer. Quiero una segunda oportunidad, la merezco, juro que lo haré mejor.

Que para aprender de los errores, primero hay que equivocarse.


Para no volverte a ver

Mis horas vuelan, los días siguen pasando y no he encontrado ninguna fórmula, ni mágica ni matemática que me haya enseñado a parar el tiempo. Te empiezo a echar de menos, y aún no te he perdido. Pero pasará. Mi subconsciente me ha declarado la guerra. No quiere que te vayas, y en realidad yo tampoco. Salgo a la calle sin paraguas cuando llueve para que la lluvia ahogue tu recuerdo, y me hundo en los charcos que no me llegan ni a la suela del zapato. El sol está en huelga desde que te has ido... Y en las noches, aunque son eternas, no duermo. A veces sueño, sueño contigo. Es la cura de mi subconsciente contra el mal de amores. Cree que así no te olvidaré. Regusto amargo por las mañanas cuando descubro que no es real, que no estás ahí, que quizá nunca vuelvas a estarlo. ¿Podré recordarte siempre a base de noches inventadas? Tu cara está cada vez más borrosa, y tu voz es sólo un eco de lo que era. Lo que no olvido es el sonido de tu risa. Me sigues provocando sonrisas después de tanto tiempo... Cruel broma del destino es haberte conocido para luego perderte. Tenerte en sueños no me está ayudando, hace más profundo el vacío, hace más fuerte la sensación de echarte de menos. Triste melancolía. 


"Y ojalá te me borraras para siempre de mi vida para no volverte a ver.
Y ojalá y te me borraras por las noches en el día para no volverte a ver... ni en sueños".
-Maná.



Y me preguntan que es poesía

¿Hay un lugar para mí dentro de ti, Mundo?
- No, tú sola deberás hacerte con uno.

Escuchaba el silencio en sus pocos ratos libres. Abrazaba la distancia aunque no fuese mucha. Paraba los relojes y los hacía andar a los pocos minutos. Dejó de nadar contra la corriente para dejarse arrastrar por la marea de sus sueños. En realidad, dejó de sobrevivir para empezar a vivir. Se arrancó la venda de los ojos, se sacudió el polvo de los zapatos y salió de su acogedora cueva para conocer. Se acostumbró al hueco vacío de la cama y dejó de echar de menos de una vez por todas. Comenzó a disfrutar más de la compañía de quién la hacía sonreír y dejó de lamentar sus ausencias. Volvía a controlar la situación que se le escapó tiempo atrás. Se mantenía ocupada para no pensar en los poemas de amor que se le venían a la mente cada vez que recordaba su sonrisa. Sonreía porque solo veía lo bueno, porque se obligaba a ello. Porque se había prometido no enamorarse. Porque quería un romance sin amor, confianza, libertad sin fianza. Ese era su ideal, su idea de felicidad. Estar con una persona sin que los celos la matasen, sin cuentas que rendir. 
Una balanza desequilibrada con mucho a favor y nada en contra. Soñaba despierta que dormía por las noches. Cantaba los días de lluvia. Pintaba cuadros en los cristales llenos de vaho y escribía cuentos en los márgenes de las libretas.
Se acordaba de él a todas horas. Tomaba café antes de dormir. Se prometió disfrutar de las buenas rachas tanto como le fuera posible, y abusar de su buena suerte hasta que se agotara. Se juró buscar siempre el lado bueno y superar las malas rachas.
Seguía ahogándose en sus propios complejos, y calculando cada paso que daba. Quizá nunca conocería lo que se siente cuando arriesgas, cuando te dejas llevar sin planificarlo todo. Pero le iba bien y eso bastaba.

Y que mientan los poetas cuando hablen del amor.



All is Gonna Be Alrigth

No hablaba sola, hablaba con su conciencia, un zumbido incesante que repetía a todas horas lo que estaba bien y lo que no, que se encargaba de dictarle lo que debía hacer. Por otra parte estaba su orgullo, cabezota y testarudo, le tenía prohibido disculparse pero eso no bastaba, para asegurarse que obedecía la mordía por dentro. Podrás imaginarte la situación, una irritante voz aconsejandote sin descanso para que te disculpes con todos aquellos a los que has hecho daño, prometiéndote que si lo haces te dejará en paz y por otra parte los mordiscos del orgullo exigiendo que te mantengas firme y no des tu brazo a torcer. Y allí estaba ella, entre la espada y la pared e incapaz de tomar una decisión. ¿Qué harías? ¿Ignoras a uno o te tragas al otro?


If you love me Hardcore

Bailábamos, la música mecía nuestros cuerpos. Nos balánceabamos extremadamente cerca. Al filo del abismo. Jugándonos la piel en la pista de baile. Allí dónde la música estaba demasiado alta para escuchar las advertencias de la conciencia. Allí donde el instinto animal instaba a cometer una locura, donde el alcohol de los vasos reducía la cordura a los niveles más bajos. Dónde las alianzas perdían su significado. 
Porque cuando dos se buscan, se acaban encontrado. Porque ni los muros de hormigón habrían podido separarnos, porque los astros se alinearon esa noche para coser las casualidades a gusto de un destino que estaba escrito en las etiquetas de las botellas que caían vacías al suelo. Porque el teléfono no sonó aquella noche, no hubo recordatorios, ni whatsapp's que interrumpieran un camino breve pero intenso. Porque el recorrido de dos bocas que se besan no tiene pérdida. Pero a pesar de ello, en el momento en que nuestros labios se encontraron a oscuras en aquella habitación ya estábamos perdidos.
Seamos sinceros, puede que esas dos copas de más nos arrastraran a mi cama, pero las ganas venían de casa.


I Missed All The Match

La vida trae fallos de fábrica.

Vicios ocultos que no tenemos a quién reclamar...
Por ejemplo, a lo largo de nuestro período existencial, tendremos que tomar miles de millones de decisiones banales; como el color de los zapatos, el corte de pelo, que comeré hoy, cuanta azúcar debería echarle al café, el día que empezaré la dieta nueva, los regalos que haré... Estupideces, cosas sin importancia. Decisiones sin las que podríamos vivir, prescindibles. Decisiones que si otra persona decide tomar por nosotros no supondrán un cambio relevante en nuestras vidas, quizá un leve  traqueteo de nuestra rutina.
En cambio, elegir de quién nos enamoramos no está en nuestra mano. Ni siquiera es una opción. Es una imposición. Pasa y se acabó. No recibes ningún aviso previo. No hay señales de tráfico que te adviertan. Nadie te consulta si te apetece enamorarte, ni como te gustaría que fuese él, que rasgos, que personalidad. Ningún alma caricativa se para a explicarte los riesgos. Simplemente un día, te encuentras completamente perdido en los ojos de otra persona, sin rumbo, enredado en un pelo ajeno, sin camino. Bueno, siempre puedes seguir el sendero a la curva de su sonrisa. Pero a lo que vengo a referirme, es que tu vida da un giro de ciento ochenta grados a una velocidad de vértigo y cómo no lo esperabas, acabas tirado en el suelo, con magulladuras por todo el cuerpo y en los casos más extremos con el corazón roto. ¿Lo peor? Lo peor es que ni siquiera has podido opinar sobre ello.
En cambio, te dejan escoger si luchar o rendirte, te dan a escoger entre que duela o que te duela mucho. Te ofrecen una opción barata, con una ilusión enorme, pero sin ninguna garantía de que se cumpla y te toca escoger entre buscar la felicidad o esperar a ver si ella te encuentra, algo muy difícil.

No elegimos de quién nos enamoramos.


Necesito empezar a llorarte

Tengo que asumir que ya te he perdido, que no puedo seguir viviendo de recuerdos, de momentos pasados. Debo arrancarte de mis entrañas, aunque me duela más que la sensación de echarte de menos a cada segundo. Tengo que sacudirme de encima la última sonrisa, la que todavía me provoca un cosquilleo cuando la pienso. Necesito darme una ducha fría de realidad, que me cale hasta los huesos, que me desatornille tus ojos del corazón. Tengo que abrir la ventana y tirar las cartas que nunca te di... Porque un día tuve entornada la puerta al corazón y tú entraste como una tromba, sin permiso, sin avisar y ahora tengo que cerrarla, pero no puedo. No quiero quedarme dentro, ni dejarte fuera. 

Debería empezar a llorarte, comprender que "nuestro" tiempo pasó. O mejor, entender que nunca fue. Que agua pasada no mueve molinos. Que los sueños, sueños son. Que no por mucho madrugar amanece más temprano y que más vale pájaro en mano que ciento volando.



365 días +7 para olvidarte

"Y no volveré a quererte tanto,
y no volveré a dejarte de querer" 

-Fito y los Fitipaldis.

¿Serán suficientes trescientos setenta y dos días para sacarme tu recuerdo del alma? ¿Se llevarán los días de lluvia y tormenta los sentimientos desgastados, al igual que arrastran las hojas secas de la acera del parque donde nunca paseamos? ¿Hará el sol de la primavera que broten raíces y enredaderas sobre mis memorias, serán cubiertas por las malas hierbas hasta desaparecer de mi vista? ¿Se llenarán de polvo los momentos cuando deje de pensarlos? ¿Dejaré de pensarlos realmente o serán palabras vanas otra vez?, ¿Quedarán los recuerdos olvidados en cajas en algún rincón de mi desordenada cabeza? ¿Un par de capas de pintura taparán las huellas que dejaste? ¿Lograrán las lágrimas expulsar el veneno de un amor contaminado? ¿Sanará el tiempo las heridas? Lograré deshacerme de las noches en vela? ¿Saldrás de mis sueños algún día? ¿Realmente hay un número exacto de días, semanas o meses para borrarse a alguien del corazón, i es sólo la esperanza a la que nos aferramos los afectados, los damnificados, los mártires... Los soñadores sin alas?



Prometo dejarme olvidado, sin querer queriendo, tus miradas en el vagón de un tren.
Prometo dejarme tus sonrisas en el balcón de un hotel de París cuando amanezca.
Prometo romper tus fotografías y los botes de perfume con tu olor, en mi próxima recaída.
Prometo enterrar el tacto de tu piel bajo las toneladas de arena en el desierto del Sahara.
Prometo ahogar el recuerdo de tus ojos bajo las profundidades del mar Mediterráneo.
Prometo escribir tu nombre detrás de cada cuadro que no pinte.
Prometo olvidarte cada día de mi vida.

Lo que no puedo prometerte es que dejaré de escribir de ti. 
Porque no podría aunque quisiera, y aunque pudiera no quiero.

Grandes No-Despedidas

Que yo quise marcharme por la puerta grande y tú me instaste a salir por la trasera. Quise dejarte cicatrices con mis arañazos para que no pudieses olvidarte de mí aunque quisieras, quise dejarte tatuado un mordisco en el corazón. Que no debería darte ni una oportunidad más y aún así lo hago. Confiando en que no me arrepentiré.
Se acabó consumir el tiempo juntos. Y espero que desaparezcas para siempre en cuanto cierre la puerta tras de mí. Que no volverte a ver en la vida es lo mejor que podría pasarme. Que no saber de ti nunca más es lo que más deseo. (Jueves). Que casi te cuelas en mi corazón, pero te paré los pies a tiempo, está visto que una no puede bajar la guardia con gente como tú.
Pero no me malinterpetes, que a mí me ha gustado nuestro mini-relato de pocas páginas y muchas letras. De poco ruido y muchas nueces. Es sólo que no creo en los finales, ni felices, ni amargos, ni dulces, ni trágicos, ni de película, ni de novela. Ni finales de canción, ni de estación de autobús. Yo sólo creo en el pánico a las despedidas y en las lágrimas de los adiós.
Y como no quiero nada de eso prefiero un beso, un hasta luego, y una carta en el buzón.
Prefiero escribirte que me marcho, que ya rompí tus fotos, borré los mensajes, y guardé en el cajón al fondo del desván los regalos y los recuerdos, los tickets de los conciertos, y las cartas de amor.
Será como si nunca hubieses existido, que ya no sé ni como te llamabas.
Que me han dicho por ahí que no hay nada más triste que un recuerdo feliz. Y si te he visto no me acuerdo.
Pero si nos reencontramos en un tiempo, podemos volver a empezar.





Prometo escribir
y reescribir contigo
la puñetera historia
del nunca acabar.

Cumplimos cien horas

Las cosas siempre pasan por algo. Y tú has pasado por mi vida. Me has dejado huella y has tatuado en mi piel los besos invisibles que nunca me diste. Has perturbado mi sueño y te has instalado en mis amaneceres vacíos. Te he buscado en el hueco de la cama para contarte todo lo que siento, pero nunca estabas. Ahora que te has ido te pienso incluso más que antes, y sé que si no hubieses aparecido un martes en el que todo parecía ir mal, las cosas habrían sido muy diferentes. Me habría rendido sin luchar, pero tu sonrisa pintó mis amaneceres, me mantuvo feliz, me hizo creer en el destino, un destino que parecía haberse rendido a mí. Un Destino que creí mío, aunque no lo era.
Gracias a tus ojos, que me mantuvieron anclada a esta isla desierta de miedos, he descubierto partes de mi que no sabía que tenía. Y aunque me cueste la vida, no me rendiré. Todo gracias a ti... Y tú nunca lo sabrás. Los octubre serán nuestros. Los febrero solo míos. Puede que nos reencontremos un septiembre, pero yo te reservo los marzo, y que llegues con la primavera para darme color después de un invierno sin ti.
No comeremos croissants para desayunar, ni tomaremos un café recordando viejos tiempos, porque no existen momentos que recordar. No pasearemos por París en otoño, Les Champs Elysées no nos esperan. Tampoco  navegaremos en góndola por Venecia ni veremos mil y un amaneceres. No caminaremos descalzos por la playa y nunca me abrazarás como yo quiero que lo hagas. La lluvia no me empapará mientras me besas, y nunca te quitaré la ropa mientras me miras y sonríes. Jamás me despertarás con un beso... Jamás podré admirarte mientras duermes.

Y me darán las dos, las tres y las cuatro de la mañana enumerando lo que nunca será, y te seguiré buscando hasta en la sopa de letras, y te seguiré nombrando para no olvidarte, y seguiré sonriendo cuando alguien diga tu nombre aunque no se refiera a ti. Y cada sábado te seguiré pensando. Soñaré por ti. Que quizá un día volvamos a vernos.


Kiss me Hard before you go

Se llama Hugh. Lo nuestro no tiene nombre.

Era un hombre amargo, como el café que compartíamos después de cada polvo. Era salvaje, como un lobo que ha llegado a la ciudad con ganas de comerse una o dos ovejitas. Quizá eso pensó de mí la primera vez que me vio, con mi pelo corto y rubio, con mis gafas y con mi sonrisa. Me veía como una presa fácil, quiso usarme y después romperme el corazón, pero me estaba subestimando. Hugh no lo sabía, pero yo sería su único problema y tampoco sabía que sería capaz de todo con tal de resolverme. Era difícil, era tosco y fuerte. Tenía ese aire de superioridad que yo siempre he detestado, pero de algún modo u otro, él hacía que hasta los defectos me pareciesen virtudes. 
Cuando me sujetaba la cadera con su musculoso brazo y me atraía hacia sí con fuerza, yo no me resistía. Me encantaba chocar contra él, me encantaba sentir su piel ardiente atravesando mi camisa. Me sentía protegida, lejos del alcance de los demás. Tenía ese don, en realidad tenía muchos dones, pero ese era el que más me gustaba. 
Me resistía a pensar que algún día, tal y como había venido se marcharía, aunque en el fondo sabía que acabaría ocurriendo. Siempre con su pelo despeinado, su chaqueta de cuero, su camisa blanca y sus vaqueros raídos. Con un puro en la boca y una sonrisa en los labios. Apestaba a alcohol cada vez que me besaba. Y yo me volví adicta a los besos con sabor a whiskey del caro... Y él se volvió adicto a mí.
Montamos en su moto, le pregunté cual era nuestro destino y me dijo que eso no importaba, que lo único relevante era que el destino era nuestro.
Él es mío.Yo soy suya. Y la noche es nuestra.



PD: He sido nominada a dos nuevos PREMIOS. Muchas gracias Nerea  y Selene.
PD2: He añadido una nueva sección al blog; Afiliados

Drive My Heart In To the Nigth

Chasquea la lengua. Cambia de emisora. It's my life. Bon Jovi. Lo miro. Sonríe. No estaba preparada para un amor a cien kilómetros por hora. Pero no me importaba. Acelera. Un desvío. Autopista a lo desconocido. Cuantas cosas quedan atrás. Nos alejamos. Todo se vuelve pequeño, hasta los problemas. Me besa. Acelera. Me acelero. Le ofrezco las llaves de mi cuerpo. Lo dejo conducirme durante toda la noche. Chupitos de ron y miel como combustible. Un túnel. Está oscuro, levemente iluminado por las ténues luces anaranjadas. Me desnuda. Sin cinturones de seguridad. No podrían salvarnos de nosotros mismos. Golpe asegurado. Pero salimos ilesos. Mete primera. Se notan las ganas. Mete segunda. Choca con la curva de mi cadera. Le susurro algo. "Condúceme a la perdición". Me responde. "Billete de ida y vuelta". Mete tercera. Acelera. Acelera. Acelera.

Frena. 

Fin del camino. Entre gemidos entrecortados llegamos a nuestro destino. ¿Repetimos?