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Entre el amor y el odio hay dos filas

Filas de mesas ocupadas por gente, por personas más o menos preocupadas, filas repletas de personajes que no sospechan nada. O quizá si y se hacen los tontos. Los desentendidos. Los desaprensivos. Que se levantan, se sientan, atienden, no atienden, bostezan, se ríen, se pasan notitas fugaces, y hablan de la quedada del sábado, de los amores y desamores. Y entre ellos y yo, la diferencia abismal eres tú. Que te miro, o lo intento, que te odio, que me hielo, que ¿te quiero?, bueno, solo a ratos. Que ojalá te marches de esta clase, para no volver... Hasta dentro de unos minutos. Que no puedo, que no quiero y sólo van tres días... Que me quedan nueve meses y ya agoté mis otras seis vidas.

Y entre el griterío de las filas vacías y el silencio de las mesas completas, entre las explicaciones incomprensibles de los profesores y las notas indescifrables de tus mejores amigos, el latido quebrado de un corazón, que si bien no está roto, poco le falta. Que suena sin ritmo. Que está desacompasado. Un amor unilateral, con camino desgastado. Arítmico y falto de carisma.

Y si pudera arrancarme los ojos para no mirarte, lo haría, y si pudiera salir corriendo en este momento no volvería a mirar atrás, donde sé que te sientas.

Porque cada vez que entras por la puerta es como nacer sabiendo que vas a morir.


Desqueriéndote a Contrareloj

Cuando tomas una decisión sin pensarlo demasiado, es porque sabes, supones, sospechas, que aunque sea algo que deseas hacer, tarde o temprano te acabarás arrepintiendo, te hará mal.
Yo, en mi caso, he sido eternamente feliz durante algunos breves instantes. He llegado a sentirme casi en el cielo, como comparar tu cama con una nube, con mi paraíso particular. Ahora, la cosa cambia, ahora me toca escuchar la cara B de una cinta, que no me suena particularmente bien. Que después de subir y subir, toca bajar. Que la cara cruz de la moneda es francamente fea. La cruz de mi vida son tus ojos.
Y éste, es el momento justo para arrepentirme, porque hay infiernos y otros infiernos, y éste, en concreto, quema, duele y no veo el momento de salir de él y dejar tu recuerdo a las puertas de mi nueva vida. Necesito huir de todo lo que me hace daño. Debo alejarme de lo que me importa, aunque solo sea por apartarme de las llamas que me están haciendo cenizas las entrañas.

Tú estás ahí, ajeno a todo lo que me pasa, a lo que siento, y confias en que me vaya bien y en que siga estando ahí para ti cuando me necesites. Lo peor es que probablemente lo estaré.

Esto es un ni contigo, ni sin ti, de esos de los que se habla en los libros y en las películas americanas. Esto es un vacío que te devora por dentro, que te consume a fuego muy muy lento, que no te deja concentrarte y que te pone trabas a la hora de sonreír.

Y es que ya es difícil verte y sonreír como si nada, pero más aún pensarte y saber por tu sonrisa, por tus ojos, que nuestro "no-tiempo" ya pasó. Que no hay oportunidades, ni momentos ni nada. Sólo un vacío existencial y unas ganas horribles de salir corriendo y llorar cada vez que estas cerca.

Saber que me toca, desquererte contrareloj.


PD: El Nuevo Relato del Blog después de "Delirium Trémens" será... "EL DIARIO DE BRIES" Muchísimas gracias por haber votado.

Golpe Certero a la Altura del Corazón

Creo que toda la culpa la tiene tu colonia. Creo que sus componentes provocan una reacción quimica en mi cabeza que no entiendo, porque soy de letras. Creo que su aroma es lo que me hace perder el control. Y no te miro. Hago esfuerzos inhumanos por evitar cruzarme con tus ojos. Y desaparezco cada vez que tengo la oportunidad, porque pasar tiempo en la misma habitación que tú, aunque haya más gente, no me hace bien.
Pero cuando menos me lo espero, cuando al fin olvido que estás detrás de mí, el aire me juega una mala pasada, y tu colonia me roza los hombros, me pone la piel de gallina y desata una guerra en mis entrañas.
Ya es bastante duro luchar contra ti mismo, luchar por no enamorarse de quien podría destruirte con solo apretar los dedos. Y me ha costado mucho sacarte de mi cabeza, y ponerte un pie fuera de mi corazón, para que unas gotas de colonia derrumben mis murallas. Para que un par de sonrisas acaben con mis esfuerzos.

Y es que no verte es díficil. Pero verte y no mirarte es una batalla perdida.


Opositando a Paracaidista de Cama

"No mas aterrizajes de emergencia en tu sofá, con tanta turbulencia quiero bajar".


Sentía como se me encogía el corazón a cada minuto, con cada suspiro se hacía más pequeño, y por el contrario parecía expandirse a con cada bocanada de aire. Me concentraba en ello para no pensar en que estaba a punto de llegar. Solo quería pensar en mi respiración, en como el aire entraba y salía de mi cuerpo, en como llegaba a mis pulmones y rellenaba cada recoveco. Curiosamente los nervios de mi estómago parecían aplacarse. Aunque de nada me sirvió la imaginación cuando lo vi aparecer.
Fue entonces cuando estalló una guerra dentro de mí. Cada parte de mi anatomía bailaba a su ritmo. Mi estómago invadido por una plaga de mariposas suicidas, y yo sin insecticida. Mi corazón compitiendo contra sí mismo, tratando de doblar el número de latidos por segundo. Mis glándulas salibales en huelga, dejándome la boca seca. Y mi cabeza... Mi cabeza no daba a basto. Debía hilar un tema de conversación, pero antes debía pensar en un saludo correcto, tenía que hacer frente a un posibe ataque cardíaco, y tal vez a otro de pánico. 
Sentí tanto miedo. Tenía tantas dudas, no sabía si había tomado la decisión correcta, y tenía pánico de descubrirlo. Pero ninguna de esas sensaciones era comparable a la ráfaga de alegría que me recorrió todo el cuerpo en el momento en que lo ví sonreír. Fue como si una ola de calor y felicidad llenase cada uno de los rincones de mi cuerpo. Y de repende se aliaron todos mis sentidos, y ya sólo podía pensar que él estaba conmigo y yo estaba con él.
La calma había llegado a mis costas, y él no era más que la brisa que me mecía y me hacía sentir en el cielo.
Y finalmente, se acabó.