Perro pequeño y peludo mirando la puerta de salida.
Querido Diario,
Algo está pasando y no puedo entender muy bien que es. Yo estaba echado en mi cama como de costumbre, cuando empezó todo. Oí gritos, y llantos. Corrí hacia la habitación de Luis, el hijo pequeño de la familia, el que siempre juega conmigo. Su padre corría de un lado a otro, con el teléfono en la oreja, parecía alterado. Su madre estaba arrodillada junto a la cama, sosteniendo la cabeza del niño que se retorcia, y se movía de forma extraña. Nunca lo había visto así.
Entonces escuché mucho ruido, una especie de vocina que hacía "Nino, nino" y paró frente a casa. Hombres desconocidos entraron rápidamente con una especie de cama plegable. Yo no ladré. Siempre ladro cuando no conozco a alguien, pero esa vez sentí que no debía hacerlo, presentí que querían ayudar.
Minutos después ví salir a Luis en aquella camilla, no se movía y tenía una especie de tubo de plástico en la boca, su madre lloraba y tenía una mano en la boca, su padre trataba de consolarla.
No me miraron, no me dijeron nada. Como si yo no estuviera allí. Me hubiese gustado saber hablar para pedir alguna explicación, pero eso no pasó.
Y ahora estoy aquí, no se cuanto llevo, pero a puesto que mucho, porque tengo mucha hambre. Sigo esperando a que vuelvan. Que vuelvan todos.






