Terrible Hedor a Ausencia

Suspira frente al cristal y mal dibuja un corazón en el vaho. Mira somñolienta al vacío, más allá de la ventana. Mira el coche aparcado al otro lado del pequeño parque. Cree que es un Seat, pero no está muy segura, la verdad es que no se le dan nada bien las marcas. No es su coche. Tan siquiera se parece. Tal vez un poco en el color, pero tampoco está muy segura... Hace tanto que no lo ve. 
Se levanta despacio, y se mira en el espejo. Cierra los ojos y en la oscuridad de su propia vida, lo ve. Ve como la rodea con los brazos. Casi lo siente. Se le eriza la piel. Se le humedecen los ojos y siente como si unas garras invisibles le arañasen la garganta. Pero cuando abre los ojos sigue estando sola frente a un espejo que le devuelve su imagen. Una imagen triste, melancólica. La imagen de alguien con el corazón roto.
Se aparta con cuidado, sin dejar de mirarse, como si en aquel reflejo se encontrasen las respuestas a sus problemas. 
El sonido de un motor al arrancar la saca de su ensimismamiento. Vuelve a acercarse al cristal, el presunto Seat se mueve, primero despacio, maniobrando, y después más rápido. Desaparece en apenas pocos segundos. Llevándose el recuerdo que había despertado, pero dejando el amargo sabor de la ausencia.