Capítulo V. Epílogo.
Tu alma, sobre la tumba de piedra gris
a solas yacerá con sombríos pensamientos;
Nadie, en toda esa intimidad, penetrará
en la delgada hora de tu Secreto, - espiritus de los muertos.
-Edgar Allan Poe.
Una vez leí que hasta los hombres más valientes se acobardan a la hora de su muerte, pero yo no. No lloré cuando me diagnosticaron, no tuve miedo. Y ahora que noto como estoy llegando al final del camino. Este lóbrego camino de soledad, y aburrimiento. Sigp sin tener miedo, sólo deseo que sea rápido. Porque si no me mata el cáncer, lo haré yo mismo enloquecido por el dolor.
En páginas anteriores creo recordar que dije que no me arrepentía de nada, lo cierto es que mentí, me arrepiento de no haber hablado más con mi hermano. No sé nada de él, desde que cogí el dinero de la herencia de mi madre y me fui de casa sin dar explicaciones. Le dejé una carta metida dentro de uno de sus libros de poemas, "Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer". Estaba seguro de acabaría encontrándola. ¿Si lo hizo?. La verdad es que no lo sé. No se ha puesto en contacto conmigo. Le pedía explícitamente en la carta que no lo hiciera.
Creo que nunca sabré si la encontró o no. Me resigno. Ya no puedo más. El dolor me está matando y aún así no se me detiene el corazón. Empiezo a pensar que no ir al hospital ha sido un error. Al menos me habrían calmado con morfina. [...] Creo recordar que tengo una bolsita con cocaína en alguna parte. No piensen mal de mí. No suelo drogarme... La tengo porque quería probarlo antes de morir, ¿Qué mejor momento qué este? ... Trato de incorporarme de la cama, pero me asfixio... Mis pulmones, mi cuerpo. No puedo más. No quiero poder más.
Que acabe esto, por dios. Que acabe de una vez. Yo no le temo a la muerte, le temo a la vida, porque la vida es dolor. Para mí, morir significa dejar de sufrir. Dejar de sentir de una vez. Tal vez me merezca un poco de dolor, por todo el mal que he causado, pero esto es inhumano.
Soy joven. Estoy muerto. Soy joven. ¿Seré un artista?
***
Y mientras Edgar recitaba unos versos de su amado Poe, su último aliento. Su última exhalación. El último rastro de su vida se esfumaba. Y él cerró los ojos desvaneciéndose en la oscuridad mientras al fin dejaba de sentir dolor...
FIN
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