Le gustaban los chicles de canela, esos que casi nadie mastica, le gustaba vagar por los callejones oscuros y lúgubres que las personas de a pie temen. Le gustaba el riesgo de amanecer en camas ajenas y salir despacio sin hacer ruido, sin dejar pruebas. Escogía siempre el camino difícil y mentía por mera vocación. Convirtió su vida en una película de bajo presupuesto, con actores sin guión, figurantes que no estaban prevenidos, sin luces, ni cámaras, solo acción. Drama, thriller, comedia. Todo en uno. Los hacía partícipes de unas historias irreales, que no existían. Que se inventaba sobre la marcha.
Le gustaba ver su sangre correr brazo a bajo a través de los cortes que se provocaba, en ocasiones se sentía viva cuando lo hacía, pero deseaba lo que otros tantos temen, morir. Y había estado apunto en un par de ocasiones. Sobredosis de realidad en ambos casos. Y su único proyecto de vida era esa película sin argumento, que culminaría con su desaparición de la escena. Broche de oro. Como deseaba ver el final de su largometraje.
Cometer locuras era lo único que le producía alguna sensación. Era una pequeña psicópata y fingía bien. Una actriz de bulevar, una bailarina barata de cabaret. Una artista de tercera.
Pero era su vida, eran sus cafés cargados, eran sus cigarrillos a escondidas de después de grabar, eran sus rallas de cocas entre comidas, eran sus besos robados entre escena y escena. Era ella con sus más y sus menos y debía empezar a soportarse, pasaría mucho tiempo consigo misma. Toda una vida, para ser exactos.
PD: Quiero aprovechar para decir que participo en;
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