Te esfuerzas en decirme que no me quieres, en apuñalarme, en decirme que debería largarme de tu vida, darte con la puerta en las narices y desaparecer. Dices que no me necesitas, que todo era mentira, que debería encontrar a alguien que me valore por quién soy. Y cuando al fin lo encuentro, cuando una persona, se atreve a conocerme, cuando por fin alguien se interesa por mí. (Por lo que queda de mí). Vuelves. Vuelves de mala gana, con la cara larga, con los puños apretados y reprochándome. No me quieres, y no dejas que me quieran. Lo di todo por hacerte feliz, luché por algo que estaba acabado, tratando de encender las cenizas de un fuego que jamás terminó de prender. Y tú, soplaste y soplaste. Derribaste los muros del nuevo hogar que trataba de construirme, igual que el lobo del cuento aquel.
No llegué a ser tuya, porque no me quisiste. Fui el último bombón de la caja, y me tiraste después del primer bocado. Alguien me encontró y decidió darme una segunda oportunidad, y ahora vuelves. Y quieres morderme de nuevo. No porque te guste mi sabor, sólo lo haces por hacerme daño.
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